Hay una hipótesis sobre la desaparición de Loan Peña que prácticamente no se ha desarrollado y que creo que merece ser planteada, aunque solamente sea como posibilidad: que Loan realmente se haya perdido y que, después de separarse del grupo en el naranjal, haya continuado caminando durante bastante más tiempo y distancia de lo que se supuso inicialmente. Para considerar esta hipótesis hay que aceptar provisionalmente dos cosas que actualmente están siendo discutidas: que el botín encontrado pertenecía efectivamente a Loan y quedó allí durante su recorrido, y que alguna de las huellas infantiles encontradas más adelante era realmente suya. No estoy diciendo que esto esté probado, sino exactamente lo contrario, estamos ante un caso en el que diferentes interpretaciones de las pruebas siguen enfrentadas y por eso me parece perfectamente legítimo hacer durante un momento el ejercicio contrario al que terminó imponiéndose en la investigación y preguntarnos qué sucede si el botín no fue plantado, si las huellas no fueron plantadas y si aquellas evidencias eran sencillamente las pistas que iba dejando un niño de cinco años que se había perdido y seguía caminando.
Las coordenadas producen entonces una imagen bastante llamativa. El árbol del naranjal está aproximadamente en -28.8898333, -58.7819167, el botín apareció en -28.8761861, -58.7774306 y una de las huellas infantiles más alejadas se encuentra aproximadamente en -28.8685111, -58.7792639. El expediente registra además huellas de pies descalzos prácticamente junto al lugar del botín y otra huella parcial algo más al norte. Desde el naranjal hasta el botín hay aproximadamente 1,6 kilómetros y desde allí hasta aquella huella unos 870 metros más, es decir unos 2,4 kilómetros, y todavía aparece un dato más interesante porque Francisco Méndez declaró que la laguna del llamado campo de Guacha sería precisamente la más cercana a las huellas y la situó aproximadamente a 500 o 600 metros. Si utilizamos esas distancias como simple referencia estamos hablando, por tanto, de un recorrido completo desde el naranjal, pasando por el botín y las huellas, hasta un espejo de agua de alrededor de 3 kilómetros.
Y aquí conviene detenernos en algo que muchas veces se menciona casi automáticamente: “un niño de cinco años no podía caminar tanto”. ¿Realmente tres kilómetros convierten esta hipótesis en imposible? Existen casos de niños perdidos de la misma edad que han caminado más de 20 kilómetros en pocas horas. Pero para no favorecerla podemos utilizar una estimación extremadamente conservadora, mucho más lenta que el paso normal de un adulto, y suponer que Loan avanzaba a una velocidad efectiva de sólo 1 a 2 kilómetros por hora, no caminando continuamente por terreno limpio sino contando pastizales, monte, barro, pequeños desvíos, pausas y cualquier obstáculo que pudiera encontrar. A 2 km/h recorrer tres kilómetros requiere una hora y media, a 1,5 km/h necesita unas dos horas y aun reduciendo la velocidad hasta solamente 1 km/h necesitaría unas tres horas. Es decir que si Loan comenzó a alejarse alrededor de las 14:00, un escenario razonablemente conservador permite situarlo junto a algún espejo de agua entre aproximadamente las 15:30 y las 17:00. Esto no demuestra que lo hiciera, naturalmente, porque nadie midió la velocidad de Loan aquel día ni sabemos cuál habría sido exactamente su recorrido, pero sí demuestra que la distancia por sí misma no permite descartar la hipótesis y que ni siquiera hace falta imaginar a un niño corriendo durante kilómetros, basta con imaginarlo avanzando lentamente durante una parte importante de aquella tarde.
La cronología además resulta particularmente interesante. La última fotografía conocida fue tomada a las 13:52, cuando el grupo todavía se dirigía hacia el naranjal, y el expediente registra posteriormente a Ramírez hablando por teléfono desde el naranjal a las 14:09; la primera llamada de Benítez a Laudelina relacionada con la ausencia de Loan se produce aproximadamente a las 14:24/14:25, momento que la propia reconstrucción utiliza para situar el comienzo de la búsqueda. Por lo tanto desconocemos el minuto exacto en que Loan deja de estar a la vista, pero el intervalo necesariamente está contenido entre aquellos momentos, y si simplemente utilizamos las 14:00 o pocos minutos después como referencia aproximada para nuestro ejercicio, cuando los adultos advierten su ausencia Loan podría llevar ya veinte o veinticinco minutos alejándose, cuando otras personas empiezan a incorporarse a la búsqueda podría llevar una hora caminando y cuando la policía recibe formalmente el aviso a las 15:37 podría encontrarse perfectamente a dos o incluso tres kilómetros del naranjal si efectivamente siguió avanzando.
Mientras tanto, la búsqueda inicial se desarrollaba lógicamente alrededor de los lugares en los que todos suponían que podía encontrarse: el naranjal, la casa de Catalina, el monte, la escuela y los campos próximos. La propia madre de Loan recién tomó conocimiento de la desaparición después de las 15:20 y existe una comunicación registrada a las 15:26. El primer aviso documentado a la policía aparece a las 15:37 y la reconstrucción judicial sitúa la llegada policial después de las 16:30. Esto significa que existe una ventana de tiempo muy importante durante la cual un niño que no permaneciera dando vueltas alrededor del naranjal sino que siguiera una dirección podría estar aumentando constantemente la distancia respecto de quienes lo buscaban, algo parecido a perseguir un punto que se continúa desplazando mientras la búsqueda se concentra inicialmente alrededor del último lugar conocido.
Y después llega otro factor que me parece fundamental y que pocas veces se incorpora a esta hipótesis: la noche. En junio oscurece temprano y el propio expediente contiene un testimonio extraordinariamente gráfico sobre esa dificultad. María Duarte relató que habían ido hacia la zona de las huellas aproximadamente a las 14:30 y que terminaron regresando cuando comenzó a oscurecer, situando ese momento aproximadamente entre las 18:30 y las 19:00, precisamente porque no tenían linternas. Esto introduce un límite natural brutal a aquella primera búsqueda: durante unas pocas horas se podía recorrer el terreno visualmente, pero una vez caída la noche buscar en pastizales altos, montes, barro, bañados y lagunas se convertía en una tarea completamente distinta. Y si Loan había llegado a un espejo de agua antes de las 17:00, o incluso simplemente se encontraba escondido por la vegetación en alguna parte de ese corredor, a partir del anochecer la posibilidad de detectarlo visualmente caía enormemente.
Esto también ayuda a entender algo que muchas veces se utiliza como argumento contrario: si el botín estaba realmente allí, ¿cómo es posible que nadie lo viera antes? Pero precisamente el botín no estaba colocado sobre una mesa ni en medio de un camino limpio, apareció embarrado en una zona de campo y su hallazgo se produjo recién al día siguiente, el 14 de junio. Los testimonios describen que tuvieron que buscar dentro del barro con palos hasta sentir algo duro y sacar el calzado. El propio relato de Méndez señala que estaba tan cubierto de barro que inicialmente prácticamente no se distinguía y hubo que rasparlo para comprobar su color. Por eso que decenas de personas hayan pasado por sectores relativamente próximos no significa necesariamente que durante las últimas horas de luz, y mucho menos durante la noche, fueran a detectar un pequeño botín verde hundido o cubierto de barro, del mismo modo que tampoco significa que pudieran distinguir con facilidad pequeñas huellas en un terreno enorme.
La hipótesis completa adquiere entonces una forma bastante sencilla. Loan se separa del grupo poco después de las 14:00, se desorienta y comienza a caminar, alrededor de 1,6 kilómetros después llega al sector donde al día siguiente aparecerá su botín y por alguna razón lo pierde allí, continúa avanzando, quizá ya parcialmente descalzo, pasa por el sector donde posteriormente se encuentran huellas infantiles y sigue otros 500 o 600 metros hacia uno de los espejos de agua que existen en esa dirección. Incluso utilizando una velocidad extremadamente reducida para un niño de cinco años, podría haber llegado a ese sector entre las 15:30 y las 17:00, justo cuando buena parte de quienes participaban en aquellas primeras horas todavía buscaban alrededor del naranjal y los campos inmediatos, y apenas una o dos horas después comenzaría a caer la noche haciendo muchísimo más difícil encontrar al niño, descubrir una huella, distinguir un objeto embarrado o revisar correctamente una laguna.
Y aquí está para mí el verdadero interrogante: ¿y si el error fue pensar que Loan permaneció cerca del punto donde se perdió? ("tiene 5 años, no puede estar muy lejos"). Porque si el botín era suyo, si las huellas eran suyas y si esos puntos marcan realmente su desplazamiento, entonces Loan no se quedó cerca del naranjal esperando ser encontrado, sino que durante las horas decisivas estaba alejándose de la zona donde comenzaba la búsqueda y avanzando hacia un sector lleno de espejos de agua. Cuando la búsqueda se amplió, la tarde ya se terminaba; cuando cayó la noche, el terreno se volvió muchísimo más difícil; y cuando al día siguiente apareció el botín, ya habían transcurrido muchas horas y toda la interpretación del caso comenzaba a cambiar. No afirmo que Loan terminara en una laguna, pero sí creo que existe una pregunta que merece ser planteada sin prejuicios: si aquellas primeras pistas eran auténticas, ¿hasta dónde pudo caminar Loan antes de que la oscuridad dificultara aquella primera jornada de búsqueda?
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