El martes 8 de septiembre declaró Laudelina Peña y el miércoles 9 lo hizo Antonio Benítez, es decir, dos de los siete principales imputados decidieron declarar ante el Tribunal en dos días consecutivos.
No significa, naturalmente, que lo que diga un imputado deba considerarse verdadero simplemente porque finalmente decidió hablar. Exactamente el mismo criterio que aplicamos a la acusación debe aplicarse a la defensa: una declaración tiene valor en la medida en que pueda ser contrastada con otros elementos objetivos. Pero algunas cosas que surgieron estos días me parecen especialmente interesantes porque no dependen solamente de creer o no creer a Laudelina o a Benítez, sino que plantean preguntas que pueden ser verificadas.
1. EL ACCIDENTE QUE NO OCURRIÓ Y EL EXTRAÑO VIAJE A LA FISCALÍA
Uno de los puntos más importantes de la declaración de Laudelina fue que volvió a decir claramente que el supuesto accidente de Loan nunca ocurrió y que aquella versión fue producto de la intervención de su entonces abogado José Fernández Codazzi. No es un detalle menor, porque durante una etapa de la investigación aquella historia del atropellamiento de Loan por Pérez y Caillava llegó a convertirse prácticamente en la explicación del caso. Ahora Laudelina sostiene que nunca vio ese accidente y que aquella versión era falsa, algo que también fue recogido por distintos medios que siguieron su declaración ante el Tribunal.
Después de la audiencia habló Ernesto “Tito” González, abogado de Pérez y Caillava, y señaló otro aspecto que me parece todavía más interesante. Según explicó, existen registros que permiten reconstruir el extraño recorrido de Laudelina aquella noche en Corrientes y su ingreso durante la madrugada a una Fiscalía. González destacó lo excepcional que resulta que una Fiscalía abra a esas horas, y mencionó particularmente un horario cercano a las 00:44, además del relato de Laudelina según el cual habría ingresado por un acceso lateral o posterior, habría ensayado previamente lo que tenía que decir y finalmente habría formulado allí la versión del accidente.
Podemos creer o no toda la explicación posterior de Laudelina, pero existe una pregunta anterior bastante más sencilla: ¿por qué una testigo fundamental en la desaparición de un niño terminó declarando de madrugada, en esas condiciones, acompañada por Codazzi? González sostiene que allí habría existido una maniobra destinada a desviar la investigación. Eso tendrá que probarse, naturalmente, pero las circunstancias de aquella declaración deberían poder reconstruirse objetivamente: quién decidió que fuera trasladada, quién abrió la Fiscalía, quién estaba allí, a qué hora entró, cuánto tiempo permaneció, quién registró su ingreso y qué intervención tuvo exactamente Codazzi.
La cuestión es especialmente importante porque aquella declaración no produjo una información secundaria. Produjo una nueva teoría completa sobre el destino de Loan. Si Laudelina dice ahora la verdad y el accidente nunca ocurrió, entonces no alcanza con decir que ella mintió: también resulta necesario determinar cómo nació aquella mentira, quién intervino en su construcción y por qué terminó ingresando formalmente en una causa federal que investigaba la desaparición de un niño.
2. ¿CÓMO SABÍA LAUDELINA DÓNDE BUSCAR EL BOTÍN?
Otra pregunta que se repite constantemente es cómo podía Laudelina saber dónde buscar el botín de Loan. Para algunas personas, el hecho de que se dirigiera hacia aquella zona demostraría prácticamente que sabía de antemano dónde se encontraba el calzado. Sin embargo, me parece que existe una explicación mucho más sencilla que pocas veces se considera.
Supongamos que encontramos en el barro huellas pequeñas correspondientes a los dos botines de un niño y observamos que, a medida que avanzan, se hunden cada vez más. Luego ocurre algo muy particular: el rastro deja de ser botín derecho-botín izquierdo y pasa a ser botín derecho-pie izquierdo descalzo. ¿Qué inferiría cualquier persona que siguiera esas huellas? Probablemente que el botín izquierdo quedó atrapado en el barro, que el niño sacó el pie pero no pudo recuperar el calzado y que continuó caminando descalzo. En esas circunstancias, buscar el botín precisamente alrededor del lugar donde cambia el patrón de las pisadas no exige conocer previamente dónde se encontraba: sería simplemente seguir el rastro hacia atrás hasta encontrar el punto en el que probablemente se perdió.
Esto es importante porque una conducta puede parecer extraordinariamente sospechosa cuando se presenta aislada y bastante menos misteriosa cuando conocemos el contexto que la precede. Naturalmente, primero habría que demostrar que aquellas huellas pertenecían realmente a Loan y reconstruir correctamente cómo fueron encontradas, pero si además aceptamos el dato de que en aquel sector aparecían las huellas pequeñas y no un rastro paralelo de pisadas de un adulto, aparece una pregunta todavía más interesante: ¿por qué se interpreta inmediatamente el hallazgo del botín como prueba de que alguien lo colocó allí y no como la posibilidad de que un niño perdido hubiera continuado caminando después de perderlo en el barro?
No estoy diciendo que esto demuestre que Loan se perdió. Estoy diciendo algo mucho más limitado: saber dónde buscar el botín no demuestra necesariamente saber previamente dónde estaba, porque las propias huellas podían indicar perfectamente dónde buscarlo.
3. LA FALSA APARICIÓN DE LOAN: ¿QUIÉN DIO LA ORDEN O EL AVISO?
Hay otra cuestión sobre la que el abogado Rodolfo Baqué viene insistiendo y que me parece verdaderamente extraña. En algún momento de aquella primera noche circuló dentro del operativo la noticia de que Loan había aparecido. La noticia era falsa, pero aparentemente llegó a transmitirse incluso a través de comunicaciones policiales.
Aquí el problema no es simplemente que en medio de una búsqueda desesperada alguien pudiera haberse equivocado. Eso puede ocurrir. El verdadero misterio es que, después de todo el tiempo transcurrido y después de la enorme cantidad de personas que declararon en esta causa, todavía no aparezca una reconstrucción sencilla y perfectamente documentada de quién originó aquella falsa alarma.
Baqué lo plantea de una manera que me parece razonable: si por la radio de la policía se comunicó que Loan había aparecido, debería existir alguien que proporcionó inicialmente esa información. ¿Quién fue? ¿Qué policía recibió el aviso? ¿De dónde provenía? ¿Quién decidió transmitirlo? ¿Existió realmente una comunicación radial registrada? ¿Se conservaron esos registros?
No es una cuestión secundaria. Una comunicación oficial o aparentemente oficial indicando que el niño había sido encontrado podía modificar inmediatamente el comportamiento de quienes lo buscaban, provocar que algunas personas regresaran a sus casas o que determinados sectores dejaran de rastrillarse. Por eso, más de dos años después, resulta difícil entender que algo tan concreto continúe envuelto en versiones diferentes.
4. ESQUIVEL, EL PROTOCOLO OBLIGATORIO Y LA POSIBLE INVALIDEZ DE LA PERICIA ODOROLÓGICA
Para mí, una de las declaraciones técnicamente más importantes de estos últimos días fue la de la licenciada Marisel Itatí Esquivel. Y no porque Esquivel haya dicho si los perros de Rosillo marcaron correctamente o no los vehículos. Lo importante de su declaración es lo siguiente: explicó cuáles son las condiciones obligatorias que debe cumplir la recolección de cualquier evidencia para que después esa muestra pueda ser utilizada válidamente en una pericia.
Esquivel explicó que en Corrientes existe un Protocolo Unificado de los Ministerios Públicos, incorporado mediante la Resolución Nº 22 del 27 de agosto de 2020, y que desde 2021 se utiliza la cadena de custodia y el correspondiente rótulo. Según explicó ante el Tribunal, cada evidencia recogida debe tener una cadena de custodia en la que quede registrada cronológicamente la intervención de todas las personas que toman contacto con ella: primero quien la recolecta, después eventualmente quien la traslada, luego quien la recibe, quien la entrega al laboratorio, quien efectúa una pericia, etc. Es decir, debe ser posible reconstruir todo el camino de la evidencia desde el lugar donde fue encontrada hasta el momento en que finalmente es analizada.
También explicó que antes de levantar una evidencia debe fijarse exactamente su ubicación, mediante geolocalización cuando las condiciones lo requieren o mediante referencias precisas cuando se trata de un lugar cerrado; luego deben realizarse fotografías y la recolección debe hacerse respetando condiciones de bioseguridad, utilizando guantes, barbijo y ropa protectora. Cuando específicamente le preguntaron cómo se secuestra una prenda de vestir, Esquivel explicó que debe fotografiarse y colocarse en un sobre de papel madera, para luego confeccionarse el rótulo y la cadena de custodia correspondiente.
Pero la parte más importante llegó al final. Le preguntaron expresamente si ese protocolo era obligatorio y respondió que sí. Y cuando le preguntaron qué ocurría si no se elaboraba la cadena de custodia, no se colocaba el rótulo o no se utilizaba el embalaje correspondiente, explicó que en ese caso “no tendría validez, no estaría cumpliendo con el protocolo”.
Esto cambia considerablemente la discusión sobre una de las pruebas más importantes contra Pérez y Caillava: la pericia odorológica realizada por el doctor Mario Rosillo. Rosillo ratificó ante el Tribunal que los perros encontraron correspondencias de olor en la Ranger y en el Ford Ka y ha defendido técnicamente el procedimiento realizado por su equipo. Pero el problema que plantea la declaración de Esquivel ocurre antes de que Rosillo comience su pericia.
Como expliqué en el post anterior, la prenda que habría servido como muestra de olor de Loan presenta varias dificultades: según las declaraciones incorporadas al expediente, fue obtenida de un lugar donde había ropa utilizada por otras personas, no se confeccionó inicialmente el acta de secuestro correspondiente, fue manipulada por una familiar sin guantes, fue introducida en una bolsa negra y tampoco existió la documentación fotográfica que ahora Esquivel dice que exige el protocolo. Después pasó por distintas manos, y tampoco parece existir una cadena de custodia completa que permita reconstruir sin interrupciones qué ocurrió con ella hasta llegar a la pericia.
Por eso creo que ahora la cuestión puede formularse de una manera mucho más precisa. El problema no es necesariamente que Rosillo haya realizado mal su pericia. El problema es que la muestra que recibió Rosillo podría no haber sido obtenida de manera válida. Y si la muestra de comparación fue recolectada incumpliendo el protocolo obligatorio y además existe una ruptura de la cadena de custodia, la declaración de Esquivel abre seriamente la posibilidad de que eso invalide la pericia odorológica o, como mínimo, prive a sus resultados del valor probatorio que se les ha atribuido. La decisión jurídica corresponde naturalmente al Tribunal, pero ya no estamos hablando simplemente de una discusión abstracta sobre si una bolsa era mejor que otra: estamos hablando de un protocolo obligatorio que, según Esquivel, debe cumplirse precisamente para que la evidencia tenga validez.
Esto es particularmente importante porque un perito solamente puede responder por aquello que ocurre desde que recibe la muestra. Rosillo puede haber trabajado correctamente, los perros pueden haber reaccionado exactamente como él describió y todo el procedimiento realizado por su equipo puede haber sido técnicamente impecable. Pero nada de eso permite retroceder en el tiempo y corregir una muestra que hubiera sido contaminada, mal secuestrada, incorrectamente embalada o cuya identidad no pudiera garantizarse mediante una cadena de custodia completa. Si no podemos asegurar qué muestra llegó al perito y en qué condiciones llegó, entonces el problema afecta necesariamente a cualquier conclusión construida a partir de ella.
Y esto conduce a una pregunta bastante sencilla: si el protocolo era obligatorio desde 2021 y la propia funcionaria explica que una evidencia que no cumple con esos requisitos no tendría validez, ¿qué valor puede tener una pericia odorológica cuya muestra de referencia no habría sido obtenida siguiendo precisamente esas reglas?
5. SI ERA TAN DIFÍCIL PERDERSE, ¿POR QUÉ NECESITABAN BAQUEANOS?
Voy a dejar aquí solamente una pregunta corta porque creo que no necesita demasiado desarrollo. Una afirmación que escuchamos prácticamente desde el comienzo del caso es que Loan no podía haberse perdido porque se trataba de una zona conocida (pero no para Loan), relativamente abierta y en la que resultaría muy difícil desorientarse.
Sin embargo, cuando comenzaron los rastrillajes, las propias fuerzas de seguridad necesitaron la colaboración de baqueanos, es decir, personas que conocían especialmente bien el terreno y podían orientarlas durante la búsqueda. Entonces la pregunta es bastante evidente: si realmente era una zona en la que resultaba tan difícil perderse, ¿por qué policías y otras fuerzas profesionales necesitaban ser acompañadas por personas del lugar para poder recorrerla adecuadamente?
Que hayan utilizado baqueanos no demuestra que Loan se haya perdido. Pero tampoco parece razonable utilizar simultáneamente dos argumentos incompatibles: sostener que el terreno era tan sencillo que un niño de cinco años necesariamente habría sabido regresar, o sería encontrado fácilmente, y aceptar que adultos pertenecientes a fuerzas de seguridad necesitaban personas especialmente conocedoras del terreno para orientarse durante los rastrillajes.
6. LA HIPÓTESIS QUE SIGO MANTENIENDO
Después de escuchar todas estas declaraciones, mi hipótesis personal sigue siendo esencialmente la misma. Y quiero insistir en la palabra hipótesis, porque no estoy diciendo que pueda demostrar que esto fue lo que ocurrió. Considero posible que Loan se haya separado del grupo y se haya perdido solo, que haya seguido caminando durante cierto tiempo y finalmente haya sufrido algún accidente en un lugar que nunca fue correctamente revisado: un pozo, una laguna, un bañado o cualquier otro punto del terreno donde pudiera resultar extremadamente difícil encontrarlo posteriormente. También considero posible una segunda alternativa: que después de haberse perdido alguien lo encontrara y se lo llevara, pero que esa persona no fuera ninguno de los siete principales imputados.
A partir de allí creo que ocurrió algo diferente. La desaparición de Loan se convirtió rápidamente en uno de los casos más importantes del país, los medios necesitaban novedades todos los días y comenzaron a aparecer culpables, teorías y certezas mucho antes de que existieran pruebas suficientes para sostenerlas. Todo se volvió viral y cualquier conducta extraña podía transformarse inmediatamente en demostración de una conspiración. Respecto de los otros diez imputados, sigo considerando posible que varias de las conductas que hoy se interpretan como parte de un gran encubrimiento tengan explicaciones bastante más simples: algunos pudieron intentar ayudar, otros pudieron intervenir de manera torpe, algunos pudieron dejarse arrastrar por el enorme interés mediático y otros pudieron buscar notoriedad o protagonismo en un caso que de repente ocupaba todos los canales de televisión.
También sigo pensando que, a medida que el caso adquirió una dimensión nacional, pudieron aparecer intereses institucionales y políticos para que el caso “se resolviera” rápidamente, o al menos para que existiera una explicación que pudiera presentarse públicamente como una solución. La extraña intervención de Codazzi, la declaración nocturna de Laudelina y la aparición de la teoría del accidente merecen ser investigadas dentro de ese contexto. Y, a partir de allí, tampoco puede descartarse que otros actores políticos hayan intentado obtener algún beneficio de un caso que se había convertido en una cuestión nacional. Nuevamente: no estoy afirmando que esto haya ocurrido; estoy diciendo que es una hipótesis que merece ser contrastada con los hechos.
Porque, después de más de dos años, sigo viendo el mismo problema. En esta causa muchas veces una hipótesis fue presentada como un hecho y después reemplazada por otra hipótesis diferente: primero Loan podía haberse perdido, después apareció la trata, después el accidente, después una supuesta sustracción planificada y finalmente una compleja estructura de encubrimiento. Mientras tanto, algunas de las cuestiones más elementales continúan sin una respuesta clara: quién produjo la falsa noticia de que Loan había aparecido, qué ocurrió realmente con las primeras huellas, cómo se obtuvo y conservó la muestra utilizada para la pericia odorológica y qué pasó durante aquellas horas decisivas de la primera búsqueda.
Por eso, para mí, la pregunta principal continúa siendo la misma. No cuál de todas las historias parece más atractiva, más sospechosa o más convincente cuando la escuchamos en televisión, sino algo mucho más sencillo y al mismo tiempo mucho más difícil:
¿Qué hipótesis puede realmente demostrarse con pruebas válidas?
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