Espacio Exterior
Heriberto Janosch González, PhD, Legal and Economic Sciences
Psychologist and Professor at UNIE Universidad, Madrid.
Master of Investigation in Psychology.
Expert's Degree in Criminology.
Email: heribertojanosch@gmail.com
Phone: (0034) 672 24 24 46
CASO LOAN PEÑA: "NO, NO ESTÁ PROBADO QUE LOAN ESTUVO EN LOS VEHÍCULOS DE PÉREZ Y CAILLAVA, NI TAMPOCO QUE EL BOTÍN FUE PLANTADO"
(Foto: El fiscal Carlos Schaefer) Hay dos cosas en el caso Loan que durante mucho tiempo fueron repetidas, incluso por la fiscalía, casi c...
Monday, September 14, 2026
CASO LOAN PEÑA: "NO, NO ESTÁ PROBADO QUE LOAN ESTUVO EN LOS VEHÍCULOS DE PÉREZ Y CAILLAVA, NI TAMPOCO QUE EL BOTÍN FUE PLANTADO"
(Foto: El fiscal Carlos Schaefer)
Hay dos cosas en el caso Loan que durante mucho tiempo fueron repetidas, incluso por la fiscalía, casi como hechos probados: (a) que Loan estuvo en los vehículos de Carlos Pérez y María Victoria Caillava y (b) que el botín encontrado al día siguiente de la desaparición fue plantado para desviar la búsqueda. A mi juicio son, además, las dos piezas más fuertes de la acusación. Si uno pregunta qué hay de concreto, qué hay que vaya más allá de llamadas telefónicas, horarios, contradicciones, comportamientos extraños o personas que se conocían entre sí, siempre termina volviendo a esas dos cosas: los perros que supuestamente marcaron olor de Loan en la Ford Ranger y el Ford Ka, y el botín que supuestamente alguien llevó hasta el barro para hacerlo aparecer como una pista falsa.
El problema es que, cuando uno mira esas dos pruebas con un poco más de atención, resultan bastante menos sólidas de lo que parecen cuando son resumidas en una frase de televisión. Y entonces aparece la pregunta que me parece central en este juicio: si la Fiscalía no consigue probar más allá de toda duda razonable que Loan estuvo en esos vehículos y que el botín fue plantado, ¿qué queda de la acusación? Mi impresión es que queda muy poco. Casi nada que permita explicar concretamente qué pasó con Loan.
Empecemos por los vehículos. No, no está probado —por lo menos no en el sentido en que algo debe estar probado para condenar a una persona— que Loan haya estado dentro de la camioneta Ford Ranger o del Ford Ka de Pérez y Caillava. Lo que existe es una pericia odorológica: se tomaron muestras de olor de los asientos traseros de ambos vehículos y los perros hicieron marcaciones positivas al compararlas con el olor que se utilizó como referencia de Loan. Eso es real, está en el expediente y obviamente es importante. La jueza que dictó el procesamiento llegó incluso a afirmar que Loan había estado en esos vehículos. Pero una resolución de procesamiento no es una condena y no exige el mismo nivel de certeza. El propio Ministerio Público explicó en esa resolución la diferencia entre prueba, presunción e indicio y sostuvo que estaba trabajando con un grado de “certeza relativa”, suficiente en aquella etapa para llevar a los acusados a juicio. Ahora la pregunta es otra: ¿alcanza esa pericia para afirmar, sin una duda razonable, que Loan estuvo físicamente dentro de esos vehículos?
Porque hay, además, un problema que no es menor: la cadena de custodia. El perito Mario Rosillo declaró que cuando fueron a tomar las muestras los vehículos estaban cerrados con llave, pero no estaban fajados; las llaves estaban bajo resguardo en la comisaría, y fue después de terminar el procedimiento cuando él mismo indicó a Maciel que colocara una faja de seguridad. También explicó que desde las oficinas de la comisaría no se podían ver los vehículos. Pero hay otro problema todavía más básico y que afecta directamente el valor de la odorología: ¿qué sabemos de la ropa de Loan que se utilizó como muestra de referencia para los perros? Rosillo no pudo precisar siquiera de dónde había salido exactamente esa prenda; declaró que la ropa había llegado supuestamente desde la comisaría, que no recordaba cuántas prendas eran y que otra perito le indicó cuál correspondía a Loan. Y el propio expediente dice que cuando la Justicia Federal secuestró elementos de la Comisaría de 9 de Julio encontró allí veinte prendas pertenecientes a Loan que no estaban debidamente preservadas y no tenían la correspondiente cadena de custodia. Es decir, no sólo hay preguntas sobre la preservación de los vehículos: tampoco aparece acreditada una cadena de custodia que permita saber con seguridad qué ocurrió previamente con la supuesta prenda de Loan utilizada para generar la muestra de referencia, quién la manipuló, con qué otras prendas estuvo en contacto o si pudo contaminarse. Y esto es especialmente importante porque toda la pericia consiste precisamente en comparar un olor recogido en los vehículos con un olor que se supone que pertenecía a Loan. Si no podemos estar seguros de la integridad de la muestra de referencia, los resultados de la pericia podrían no ser válidos. La cadena de custodia existe precisamente para que no tengamos que preguntarnos quién pudo acercarse a una evidencia, quién tuvo acceso a ella o qué pudo ocurrir antes de una pericia. Si una prueba va a ser utilizada para sostener algo tan importante como que un niño desaparecido estuvo dentro de dos vehículos, debemos tener en cuenta que las muestras de los vehículos y, sobre todo, la ropa de Loan utilizada para identificar su olor, debían seguir un protocolo que no se cumplió.
Por último, algo muy importante, este tipo de pericias odorológicas, correctamente hechas, y tomando todos los recaudos que indican los protocolos, solo arrojan resultados indiciarios que no demuestran por sí solos el hecho que se pretende probar.
Después está el luminol, que muchas veces se menciona junto con la odorología como si ambas cosas se confirmaran mutuamente. Hubo reacciones positivas en la camioneta y también en el Ford Ka, pero una reacción al luminol no significa automáticamente “sangre de Loan”. En la Ford Ranger se tomó una muestra del guardabarros derecho, la famosa muestra M10, y en un primer análisis apareció una mezcla de ADN con material correspondiente al menos a un varón; sin embargo, cuando esa muestra fue estudiada posteriormente no se consiguió obtener material genético analizable que permitiera identificar a Loan. El expediente dice además que no podía descartarse que las luminiscencias fueran sangre humana. “No puede descartarse” no significa “se comprobó”, y mucho menos significa “es sangre de Loan”. En otro tramo de la resolución la jueza enumera entre lo que llama “pruebas objetivas” la odorología, los daños de la camioneta, una testigo que dijo haberla visto lavar y esa posible sangre humana, pero reconoce allí mismo que no pudo obtenerse ADN de Loan. También sabemos que los daños de la camioneta no permitieron establecer fehacientemente qué objeto los produjo ni cuándo se produjeron. Todo puede resultar sospechoso, pero sospecha y prueba no son la misma cosa.
Esto es importante porque los indicios funcionan de una manera muy sencilla. Un indicio es un hecho que puede hacernos pensar que ocurrió otro hecho. Una camioneta lavada después de una desaparición puede parecernos sospechosa. Una contradicción puede parecernos sospechosa. Un viaje, una llamada telefónica o una relación entre distintas personas pueden parecernos sospechosos. Pero ninguna de esas cosas, por separado, demuestra necesariamente que Loan estuvo dentro de la camioneta. Y cuando se usan muchos indicios juntos hay que tener cuidado de no convertir varias sospechas en una certeza simplemente porque son muchas. Diez indicios débiles no se transforman mágicamente en una prueba fuerte. Para condenar, esos indicios tienen que encajar de una manera que permita explicar los hechos y, sobre todo, que deje sin una explicación razonable las alternativas. Precisamente por eso la discusión sobre la odorología es tan importante: porque no es un detalle más dentro del expediente. Es probablemente el dato que permite a la acusación pasar de una serie de circunstancias sospechosas a una afirmación muy concreta: “Loan estuvo en esos vehículos”. Si ese salto no puede hacerse con seguridad, buena parte de lo demás vuelve a ser lo que era originalmente: indicios y sospechas.
Con el botín ocurre algo muy parecido. También aquí se produjo con el tiempo una transformación curiosa: de “la Fiscalía sostiene que el botín fue plantado” pasamos casi sin advertirlo a “el botín fue plantado”. Pero cuando uno va al expediente encuentra algo bastante distinto. La propia resolución dice que hay “dos elementos que permiten sostener que la zapatilla fue plantada en el monte”. ¿Cuáles son esos dos elementos? El primero es que la perra Kira no logró reconstruir una trayectoria de Loan hasta el lugar donde apareció el botín. El segundo es que familiares y vecinos consideraban que el niño no podía haber llegado solo hasta allí y que, con la enorme cantidad de personas que lo estaban buscando, deberían haberlo encontrado si realmente hubiera estado perdido en esa zona. Ésos son los dos elementos que la resolución presenta inicialmente para sostener que el botín fue plantado. Son indicios. Pueden servir para construir una hipótesis. Pero no prueban que alguien haya llevado deliberadamente el botín hasta allí. Que un perro no reconstruya un recorrido no demuestra que ese recorrido nunca existió y que familiares o vecinos crean que un chico de cinco años no podía llegar a determinado lugar tampoco demuestra que no haya llegado.
Pero hay además un dato importante que suele desaparecer cuando se cuenta esta historia: Laudelina no salió de la nada y condujo a un grupo de personas hasta un punto elegido arbitrariamente para “encontrar” el botín. En esa zona ya se habían encontrado huellas. El propio expediente recoge que esas huellas habían sido localizadas durante la búsqueda por personas que estaban recorriendo el campo —entre ellas aparece mencionado “Pachucho” Moreira— y que Laudelina volvió posteriormente al lugar donde estaban esas huellas. Francisco Amado Méndez también declaró que encontró y siguió un rastro de una sola persona y que llegó a una zona de barro donde las huellas mostraban un cambio: aparecía un pie calzado y el otro descalzo. Otros testimonios describen la misma lógica de la búsqueda: si antes aparecían huellas con ambos pies calzados y después comenzaba a aparecer un pie descalzo junto a otro calzado, era razonable pensar que el calzado que faltaba podía haber quedado en el barro entre un punto y otro. Fue justamente por eso que comenzaron a buscar allí con palos hasta encontrar el botín. Es decir, había una razón concreta para buscar un calzado en ese sector que no dependía de saber previamente dónde estaba escondido. Esto no demuestra que las huellas fueran de Loan, ni demuestra que el botín hubiera quedado allí de manera natural, pero sí muestra que existe una explicación perfectamente sencilla para que quienes estaban buscando concentraran la búsqueda del botín precisamente en ese lugar.
Y esto cambia bastante la manera de interpretar algunos de los datos que la resolución presenta como sospechosos. Que Laudelina fuera hacia ese lugar no demuestra que supiera que el botín estaba allí: estaba volviendo al sitio donde se habían encontrado las huellas. Que allí se pusieran a buscar una zapatilla tampoco demuestra que supieran que había una zapatilla escondida: había un rastro que, según los propios testigos, pasaba de pies calzados a un pie calzado y otro descalzo. Incluso los testimonios sobre quién encontró físicamente el botín son contradictorios: algunos dicen que fue Laudelina, otros que fue Macarena, otros describen a varias personas buscando con palos mientras Maciel y Méndez estaban en el lugar. Tampoco hay una filmación de alguien llevando el botín hasta allí, ningún testigo que haya visto a alguien plantarlo ni una pericia que permita determinar cuándo llegó ese botín al barro. Hay circunstancias que la Fiscalía interpreta como indicios de que fue colocado deliberadamente. Pero nuevamente: un indicio no es automáticamente la prueba del hecho que queremos demostrar.
Y acá, para mí, está lo verdaderamente importante. Estas no son dos pruebas secundarias entre cien. Son probablemente las dos cosas más fuertes que tiene la acusación. La odorología es lo que permite afirmar que Loan habría estado en los vehículos. El supuesto botín plantado es una de las principales razones para afirmar que la búsqueda fue desviada deliberadamente y que el extravío fue una puesta en escena. El problema aparece si esas dos piezas no se prueban con la certeza necesaria. Porque entonces hay que mirar lo que queda sin ellas.
¿Y qué queda? Quedan llamadas telefónicas. Quedan horarios. Quedan contradicciones. Quedan explicaciones poco convincentes. Queda una camioneta que fue lavada. Quedan relaciones entre distintas personas. Quedan viajes posteriores. Queda gente que estuvo un tiempo sin ser ubicada claramente. Quedan comportamientos que pueden parecer extraños antes, durante o después de la desaparición. Todo eso merece ser analizado y todo eso puede servir como indicio. Pero ninguna de esas cosas nos dice dónde estuvo Loan después de desaparecer. Ninguna nos muestra quién lo tomó. Ninguna muestra a Loan entrando en la Ranger. Ninguna muestra a Loan pasando de la Ranger al Ford Ka. Ninguna explica dónde fue llevado. Ninguna muestra a alguien plantando el botín. Y, sobre todo, si quitamos la odorología como prueba de que estuvo en los vehículos y quitamos la afirmación de que la zapatilla necesariamente fue plantada, desaparecen precisamente los dos elementos que permiten conectar buena parte de esas conductas sospechosas con una historia concreta sobre lo que le pasó a Loan.
Por eso creo que hay que invertir la pregunta que normalmente se hace sobre este caso. No se trata de preguntar si determinadas conductas resultan raras o sospechosas. Se trata de preguntar qué está probado. ¿Está probado que Loan estuvo dentro de esos vehículos? ¿Está demostrado que el olor detectado por los perros sólo puede explicarse porque Loan estuvo físicamente allí, cuando hay problemas de cadena de custodia tanto con los vehículos como, todavía más importante, con la supuesta ropa utilizada como referencia? ¿Está probado que el botín fue llevado y colocado deliberadamente en el barro, cuando había huellas encontradas previamente que explican por qué se buscó un calzado exactamente en ese lugar? Ésa es la cuestión que tiene que resolver el juicio. Porque es la Fiscalía la que acusa y es la Fiscalía la que tiene que probar su historia más allá de toda duda razonable. Los acusados no tienen que demostrar qué ocurrió con Loan para ser absueltos. No tienen que resolver el caso. Si la acusación no consigue probar los hechos fundamentales de su propia teoría, alcanza con eso.
Sunday, September 13, 2026
CASO LOAN PEÑA: ¿Y SI MIENTRAS LO BUSCABAN CERCA DEL NARANJAL LOAN YA ESTABA LLEGANDO A UNA LAGUNA?
Hay una hipótesis sobre la desaparición de Loan Peña que prácticamente no se ha desarrollado y que creo que merece ser planteada, aunque solamente sea como posibilidad: que Loan realmente se haya perdido y que, después de separarse del grupo en el naranjal, haya continuado caminando durante bastante más tiempo y distancia de lo que se supuso inicialmente. Para considerar esta hipótesis hay que aceptar provisionalmente dos cosas que actualmente están siendo discutidas: que el botín encontrado pertenecía efectivamente a Loan y quedó allí durante su recorrido, y que alguna de las huellas infantiles encontradas más adelante era realmente suya. No estoy diciendo que esto esté probado, sino exactamente lo contrario, estamos ante un caso en el que diferentes interpretaciones de las pruebas siguen enfrentadas y por eso me parece perfectamente legítimo hacer durante un momento el ejercicio contrario al que terminó imponiéndose en la investigación y preguntarnos qué sucede si el botín no fue plantado, si las huellas no fueron plantadas y si aquellas evidencias eran sencillamente las pistas que iba dejando un niño de cinco años que se había perdido y seguía caminando.
Las coordenadas producen entonces una imagen bastante llamativa. El árbol del naranjal está aproximadamente en -28.8898333, -58.7819167, el botín apareció en -28.8761861, -58.7774306 y una de las huellas infantiles más alejadas se encuentra aproximadamente en -28.8685111, -58.7792639. El expediente registra además huellas de pies descalzos prácticamente junto al lugar del botín y otra huella parcial algo más al norte. Desde el naranjal hasta el botín hay aproximadamente 1,6 kilómetros y desde allí hasta aquella huella unos 870 metros más, es decir unos 2,4 kilómetros, y todavía aparece un dato más interesante porque Francisco Méndez declaró que la laguna del llamado campo de Guacha sería precisamente la más cercana a las huellas y la situó aproximadamente a 500 o 600 metros. Si utilizamos esas distancias como simple referencia estamos hablando, por tanto, de un recorrido completo desde el naranjal, pasando por el botín y las huellas, hasta un espejo de agua de alrededor de 3 kilómetros.
Y aquí conviene detenernos en algo que muchas veces se menciona casi automáticamente: “un niño de cinco años no podía caminar tanto”. ¿Realmente tres kilómetros convierten esta hipótesis en imposible? Existen casos de niños perdidos de la misma edad que han caminado más de 20 kilómetros en pocas horas. Pero para no favorecerla podemos utilizar una estimación extremadamente conservadora, mucho más lenta que el paso normal de un adulto, y suponer que Loan avanzaba a una velocidad efectiva de sólo 1 a 2 kilómetros por hora, no caminando continuamente por terreno limpio sino contando pastizales, monte, barro, pequeños desvíos, pausas y cualquier obstáculo que pudiera encontrar. A 2 km/h recorrer tres kilómetros requiere una hora y media, a 1,5 km/h necesita unas dos horas y aun reduciendo la velocidad hasta solamente 1 km/h necesitaría unas tres horas. Es decir que si Loan comenzó a alejarse alrededor de las 14:00, un escenario razonablemente conservador permite situarlo junto a algún espejo de agua entre aproximadamente las 15:30 y las 17:00. Esto no demuestra que lo hiciera, naturalmente, porque nadie midió la velocidad de Loan aquel día ni sabemos cuál habría sido exactamente su recorrido, pero sí demuestra que la distancia por sí misma no permite descartar la hipótesis y que ni siquiera hace falta imaginar a un niño corriendo durante kilómetros, basta con imaginarlo avanzando lentamente durante una parte importante de aquella tarde.
La cronología además resulta particularmente interesante. La última fotografía conocida fue tomada a las 13:52, cuando el grupo todavía se dirigía hacia el naranjal, y el expediente registra posteriormente a Ramírez hablando por teléfono desde el naranjal a las 14:09; la primera llamada de Benítez a Laudelina relacionada con la ausencia de Loan se produce aproximadamente a las 14:24/14:25, momento que la propia reconstrucción utiliza para situar el comienzo de la búsqueda. Por lo tanto desconocemos el minuto exacto en que Loan deja de estar a la vista, pero el intervalo necesariamente está contenido entre aquellos momentos, y si simplemente utilizamos las 14:00 o pocos minutos después como referencia aproximada para nuestro ejercicio, cuando los adultos advierten su ausencia Loan podría llevar ya veinte o veinticinco minutos alejándose, cuando otras personas empiezan a incorporarse a la búsqueda podría llevar una hora caminando y cuando la policía recibe formalmente el aviso a las 15:37 podría encontrarse perfectamente a dos o incluso tres kilómetros del naranjal si efectivamente siguió avanzando.
Mientras tanto, la búsqueda inicial se desarrollaba lógicamente alrededor de los lugares en los que todos suponían que podía encontrarse: el naranjal, la casa de Catalina, el monte, la escuela y los campos próximos. La propia madre de Loan recién tomó conocimiento de la desaparición después de las 15:20 y existe una comunicación registrada a las 15:26. El primer aviso documentado a la policía aparece a las 15:37 y la reconstrucción judicial sitúa la llegada policial después de las 16:30. Esto significa que existe una ventana de tiempo muy importante durante la cual un niño que no permaneciera dando vueltas alrededor del naranjal sino que siguiera una dirección podría estar aumentando constantemente la distancia respecto de quienes lo buscaban, algo parecido a perseguir un punto que se continúa desplazando mientras la búsqueda se concentra inicialmente alrededor del último lugar conocido.
Y después llega otro factor que me parece fundamental y que pocas veces se incorpora a esta hipótesis: la noche. En junio oscurece temprano y el propio expediente contiene un testimonio extraordinariamente gráfico sobre esa dificultad. María Duarte relató que habían ido hacia la zona de las huellas aproximadamente a las 14:30 y que terminaron regresando cuando comenzó a oscurecer, situando ese momento aproximadamente entre las 18:30 y las 19:00, precisamente porque no tenían linternas. Esto introduce un límite natural brutal a aquella primera búsqueda: durante unas pocas horas se podía recorrer el terreno visualmente, pero una vez caída la noche buscar en pastizales altos, montes, barro, bañados y lagunas se convertía en una tarea completamente distinta. Y si Loan había llegado a un espejo de agua antes de las 17:00, o incluso simplemente se encontraba escondido por la vegetación en alguna parte de ese corredor, a partir del anochecer la posibilidad de detectarlo visualmente caía enormemente.
Esto también ayuda a entender algo que muchas veces se utiliza como argumento contrario: si el botín estaba realmente allí, ¿cómo es posible que nadie lo viera antes? Pero precisamente el botín no estaba colocado sobre una mesa ni en medio de un camino limpio, apareció embarrado en una zona de campo y su hallazgo se produjo recién al día siguiente, el 14 de junio. Los testimonios describen que tuvieron que buscar dentro del barro con palos hasta sentir algo duro y sacar el calzado. El propio relato de Méndez señala que estaba tan cubierto de barro que inicialmente prácticamente no se distinguía y hubo que rasparlo para comprobar su color. Por eso que decenas de personas hayan pasado por sectores relativamente próximos no significa necesariamente que durante las últimas horas de luz, y mucho menos durante la noche, fueran a detectar un pequeño botín verde hundido o cubierto de barro, del mismo modo que tampoco significa que pudieran distinguir con facilidad pequeñas huellas en un terreno enorme.
La hipótesis completa adquiere entonces una forma bastante sencilla. Loan se separa del grupo poco después de las 14:00, se desorienta y comienza a caminar, alrededor de 1,6 kilómetros después llega al sector donde al día siguiente aparecerá su botín y por alguna razón lo pierde allí, continúa avanzando, quizá ya parcialmente descalzo, pasa por el sector donde posteriormente se encuentran huellas infantiles y sigue otros 500 o 600 metros hacia uno de los espejos de agua que existen en esa dirección. Incluso utilizando una velocidad extremadamente reducida para un niño de cinco años, podría haber llegado a ese sector entre las 15:30 y las 17:00, justo cuando buena parte de quienes participaban en aquellas primeras horas todavía buscaban alrededor del naranjal y los campos inmediatos, y apenas una o dos horas después comenzaría a caer la noche haciendo muchísimo más difícil encontrar al niño, descubrir una huella, distinguir un objeto embarrado o revisar correctamente una laguna.
Y aquí está para mí el verdadero interrogante: ¿y si el error fue pensar que Loan permaneció cerca del punto donde se perdió? ("tiene 5 años, no puede estar muy lejos"). Porque si el botín era suyo, si las huellas eran suyas y si esos puntos marcan realmente su desplazamiento, entonces Loan no se quedó cerca del naranjal esperando ser encontrado, sino que durante las horas decisivas estaba alejándose de la zona donde comenzaba la búsqueda y avanzando hacia un sector lleno de espejos de agua. Cuando la búsqueda se amplió, la tarde ya se terminaba; cuando cayó la noche, el terreno se volvió muchísimo más difícil; y cuando al día siguiente apareció el botín, ya habían transcurrido muchas horas y toda la interpretación del caso comenzaba a cambiar. No afirmo que Loan terminara en una laguna, pero sí creo que existe una pregunta que merece ser planteada sin prejuicios: si aquellas primeras pistas eran auténticas, ¿hasta dónde pudo caminar Loan antes de que la oscuridad dificultara aquella primera jornada de búsqueda?
Saturday, September 12, 2026
CASO LOAN PEÑA: ¿FUE EXHAUSTIVA LA BÚSQUEDA EN LAS LAGUNAS?
La desaparición de Loan Danilo Peña provocó uno de los mayores despliegues de búsqueda registrados en Corrientes: policías provinciales y federales, Gendarmería, Prefectura, Ejército, bomberos, perros especializados, drones con cámaras térmicas, helicópteros y otros recursos recorrieron el paraje Algarrobal y una extensa región alrededor de 9 de Julio. Según documentación incorporada al expediente, el área demarcada para los primeros rastrillajes llegó a unas 25.000 hectáreas y hubo sectores que fueron inspeccionados en más de una ocasión. Sin embargo, la magnitud del operativo no responde por sí sola una pregunta mucho más específica: ¿qué ocurrió con las numerosas lagunas, esteros, bañados y zonas pantanosas que existen alrededor del lugar donde Loan fue visto por última vez y hasta qué punto pudieron ser revisados físicamente? No se trata de sostener que las fuerzas no buscaron en el agua, porque la causa demuestra exactamente lo contrario, sino de preguntarse si todos esos ambientes pudieron ser examinados con la misma profundidad y con medios adecuados desde el comienzo.
La imagen que acompaña este artículo será únicamente una comparación satelital de Laguna Collera en diciembre de 2022 y abril de 2024, es decir, dos momentos anteriores a la desaparición de Loan. Esa comparación no debe interpretarse como una prueba criminalística ni permite concluir que un cambio visible en la superficie de la laguna tenga relación con lo sucedido el 13 de junio de 2024. Su valor es principalmente geográfico: permite observar el tipo de ambiente del que estamos hablando, una región donde los espejos de agua no son piscinas perfectamente delimitadas sino cuerpos integrados a bañados, vegetación, barro y terrenos cuya accesibilidad puede variar. Laguna Collera sirve aquí como ejemplo concreto de las dificultades que presentan las lagunas de esta zona, porque fue uno de los cuerpos de agua expresamente incorporados a los operativos judiciales y porque existen detalles documentados acerca de las dificultades encontradas durante su inspección.
La cuestión adquiere especial relevancia porque el propio expediente reconoce que la revisión inicial de determinados sectores acuáticos no había sido exhaustiva. Cuando Bruno Lovison, entonces subdirector de Defensa Civil de Corrientes, fue interrogado sobre los trabajos realizados, señaló que en la zona central de una laguna habían quedado sectores o esteros que posiblemente no habían sido registrados personalmente, aunque se habían utilizado medios aéreos con resultado negativo. A partir de esa situación, los investigadores consideraron necesario “profundizar y complementar el primer rastrillaje”, concentrándose especialmente en lagunas y esteros de difícil acceso que hasta ese momento sólo habían podido ser verificados mediante recursos aéreos, y se dispuso un segundo rastrillaje acuático y terrestre en Algarrobal y sus alrededores. Esta es probablemente una de las constancias más importantes para analizar el tema, porque no surge de una crítica periodística formulada desde afuera: forma parte de la reconstrucción contenida en la propia resolución judicial.
Desde los primeros días hubo intervención sobre cuerpos de agua. Prefectura informó que entre el 14 y el 18 de junio se incorporaron kayaks para buscar en una laguna cercana y que las tareas continuaron sobre otros espejos de agua de la zona. Más tarde hubo nuevos operativos acuáticos con fuerzas federales, perros especializados y buzos. Pero nuevamente aparece una diferencia que resulta fundamental: registrar desde el aire, recorrer una costa con perros, ingresar parcialmente con un kayak o realizar un trabajo con buzos no significa necesariamente haber podido estudiar la totalidad de cada laguna, sus zonas centrales, sus fondos, sus bañados periféricos y los sectores cubiertos por vegetación o barro. El mismo expediente señala expresamente que existían áreas difíciles de alcanzar y que algunas habían tenido que ser revisitadas precisamente por esa razón.
Laguna Collera constituye un ejemplo especialmente ilustrativo. En julio de 2024 fue individualizada judicialmente dentro del paraje Algarrobal y se ordenaron tareas que contemplaban medios terrestres y acuáticos, drones, sonar de barrido lateral y buzos tácticos; incluso se dispuso repetir allí procedimientos de búsqueda. El 21 de julio el Comando Unificado de la Policía Federal efectuó un rastrillaje en el sector identificado como Laguna Collera y el resultado fue negativo, y días después volvieron a desarrollarse tareas en el lugar. El punto no es negar esos procedimientos sino comprender las condiciones en las que debieron realizarse. El 26 de julio, durante un nuevo ingreso de buzos, se informó que el carácter pantanoso del terreno impedía entrar normalmente con embarcaciones y que los especialistas tuvieron que llegar al espejo de agua caminando por una especie de formación natural de tierra hasta encontrar sectores de aproximadamente dos metros de profundidad.
La fauna y la propia naturaleza del terreno agregaban obstáculos adicionales. En el fallo del Juzgado Federal de Goya quedó incorporado el testimonio según el cual una de las lagunas era una zona de lodazal donde no había podido utilizarse el sonar de barrido, y durante una de las incursiones los equipos se cruzaron con alrededor de siete víboras venenosas, circunstancia que incluso llevó a comprobar si el hospital disponía de suero. La Prefectura había informado además presencia de yacarés. No podemos afirmar que aquellas siete serpientes fueran específicamente yararás porque el acta no identifica cada ejemplar, pero otro informe incorporado a la propia causa sobre la fauna existente y relevada en 9 de Julio y el departamento San Roque enumera expresamente al yacaré, la curiyú, la yarará de la cruz —Bothrops alternatus—, la yarará chica —Bothrops diporus—, además de corales y cascabeles. En consecuencia, resulta legítimo señalar que las yararás forman parte de la fauna documentada de esa región, aunque no atribuir sin prueba esa especie concreta a todos los ofidios encontrados durante un procedimiento.
Todo esto permite entender mejor qué quiere decir realmente que una laguna haya sido “rastrillada”. En una zona pantanosa, con lodazales, vegetación densa, sectores de profundidad variable, serpientes venenosas y yacarés, la inspección no necesariamente puede realizarse con una cuadrícula perfecta y continua. El mismo fallo recoge que la topografía en determinadas ocasiones dificultaba incluso tomar mediciones y que había sectores pantanosos donde sólo se pudo trabajar con perros. Por eso la pregunta debería ser mucho más precisa: ¿qué porcentaje de cada cuerpo de agua pudo recorrerse efectivamente?, ¿qué zonas fueron inspeccionadas por buzos?, ¿dónde se utilizó sonar?, ¿qué partes se observaron exclusivamente desde drones?, ¿cuáles no permitieron el ingreso por barro o vegetación y cuáles debieron ser revisadas posteriormente? Esas diferencias metodológicas son esenciales cuando se intenta determinar si una búsqueda acuática puede considerarse realmente agotada.
La propia evolución de la causa muestra que la preocupación por las lagunas no terminó con los operativos de junio y julio. En diciembre de 2024 se realizó un nuevo procedimiento en cuatro lagunas del bañado El Algarrobal, con Prefectura y perros especializados, después de planteos de la querella sobre la profundidad de búsquedas anteriores; el resultado volvió a ser negativo. El abogado que entonces representaba a la familia, Juan Pablo Gallego, llegó a destacar que por primera vez aquel trabajo se había realizado con un grado de profesionalismo que permitía descartar esa hipótesis en los lugares examinados. La Justicia había ordenado realizar un rastrillaje profundo e incluso se evaluó drenar alguno de los cuerpos de agua.
Pero el asunto reapareció de manera todavía más llamativa en noviembre de 2025, cuando el Juzgado Federal de Goya autorizó otro operativo acuático y lacustre en cuatro lagunas ubicadas alrededor del campo relacionado con Carlos Pérez y María Victoria Caillava. María Belén Russo Cornara, actual integrante de la querella de la familia Peña, explicó entonces que esas cuatro lagunas no habían sido rastrilladas previamente y detalló que una de ellas tenía aproximadamente 285.000 metros cuadrados y nunca había podido ser objeto de un rastrillaje; la jueza había autorizado hasta cincuenta días de trabajo. Russo Cornara sostuvo que la medida permitiría finalmente despejar “el tema de las lagunas”, un punto sobre el cual, según dijo, la querella había mantenido especialmente su atención. Es importante hacer una precisión: no encontramos una declaración verificable en la que la abogada diga literalmente que quiere “volver a buscar desde cero”, por lo cual no sería correcto colocar esas palabras entre comillas. Lo que sí afirmó públicamente es que existían cuatro lagunas que, según la querella, no habían sido rastrilladas antes.
También hay que evitar otra conclusión apresurada. En diciembre de 2024 se habló de cuatro lagunas del bañado Algarrobal y en noviembre de 2025 nuevamente se habló de cuatro lagunas alrededor del campo de Pérez y Caillava. Las fuentes públicas consultadas no permiten asegurar que se trate exactamente de los mismos cuatro cuerpos de agua, y sería un error asumirlo sin la cartografía y las coordenadas correspondientes. Precisamente esa dificultad para identificar de manera inequívoca cada espejo de agua constituye parte del problema documental que rodea a los rastrillajes. Lo que sí está fuera de discusión es que más de un año después de la desaparición seguían ordenándose búsquedas acuáticas de gran escala y que la querella sostenía públicamente que algunos de esos cuerpos de agua no habían sido examinados anteriormente. La jueza Cristina Pozzer Penzo, por su parte, explicó que aquellas nuevas medidas ampliaban el radio hacia sectores que habían adquirido interés con la información acumulada y sostuvo que la investigación nunca se había detenido.
Entonces, ¿fue exhaustiva la búsqueda en las lagunas de la zona? La respuesta más rigurosa no parece ser un sí o un no absoluto. Hubo un enorme esfuerzo de búsqueda, hubo medios acuáticos desde los primeros días, hubo kayaks, perros, drones, buzos y sonar, y cuerpos de agua como Laguna Collera fueron revisados más de una vez. Pero al mismo tiempo el expediente reconoce que determinados sectores de lagunas y esteros no habían podido ser registrados personalmente en la primera etapa, que algunos sólo fueron examinados mediante medios aéreos, que hubo zonas de lodazal donde no pudo emplearse sonar y que las características pantanosas dificultaban el ingreso. A eso se suma que en diciembre de 2024 y nuevamente en noviembre de 2025 la Justicia volvió a ordenar procedimientos específicos sobre lagunas del área. Estos hechos no demuestran que Loan haya estado en ninguno de esos cuerpos de agua, ni permiten sostener una hipótesis determinada sobre su destino. Pero sí justifican una pregunta concreta sobre qué significa exactamente declarar agotada una búsqueda en un territorio de estas características.
La causa demuestra que hubo mapas, imágenes satelitales, croquis, coordenadas y registros georreferenciados de distintos operativos, por lo que no sería correcto afirmar que faltó cartografía. Lo que no resulta tan sencillo de reconstruir a partir de la documentación pública disponible es el detalle completo, laguna por laguna y sector por sector, de qué parte de cada cuerpo de agua fue inspeccionada físicamente, cuál fue observada mediante drones, dónde pudieron ingresar kayaks o buzos, en qué lugares se utilizó sonar y qué sectores quedaron condicionados por el lodazal, la vegetación o la dificultad de acceso.
Por eso, más que contabilizar únicamente hectáreas, efectivos o días de operativo, sería útil poder seguir esa información de manera integrada: identificar cada laguna y estero, relacionarlos con sus coordenadas y con las fechas y métodos de búsqueda utilizados, y distinguir qué zonas fueron recorridas de forma directa y cuáles necesitaron procedimientos posteriores. La documentación judicial permite afirmar con claridad que en Algarrobal se buscó muchísimo y con una enorme variedad de recursos, pero también reconoce que hubo sectores acuáticos cuya revisión inicial no fue completa y que debieron ser complementados más adelante. Esa diferencia es la que mantiene abierta una pregunta razonable: no si se buscó, sino si todas las lagunas y esteros relevantes pudieron ser examinados con el mismo grado de profundidad desde el comienzo.
Friday, September 11, 2026
CASO LOAN PEÑA: ¿UNA ESTRATEGIA PARA INSTALAR LA HIPÓTESIS DEL ATROPELLAMIENTO?
Hay algo que está ocurriendo en el juicio por la desaparición de Loan Peña que merece ser observado con mucha atención. Distintas defensas parecen converger ahora en una explicación muy concreta: Loan habría sido atropellado por Carlos Pérez y María Victoria Caillava, posteriormente su cuerpo habría sido ocultado y, como consecuencia de ello, Antonio Benítez, Mónica Millapi, Daniel Ramírez y Walter Maciel no tendrían responsabilidad en la desaparición. Que varias personas lleguen independientemente a una misma conclusión no demuestra, naturalmente, que exista un acuerdo entre ellas. Pero cuando esa coincidencia beneficia precisamente a determinados imputados y cuando comienza a circular la versión de que podría haber existido algún tipo de estrategia común entre algunas defensas para sostener la hipótesis del atropellamiento, la cuestión merece una explicación. No estoy afirmando que ese acuerdo haya existido porque, hasta donde conozco, no existe todavía una prueba pública que permita afirmarlo. Pero si alguna vez se demostrara que determinadas defensas decidieron coordinar conscientemente una versión de los hechos que sabían que no estaba respaldada por la evidencia, estaríamos ante algo extraordinariamente grave.
Todo acusado tiene derecho a defenderse y todo abogado tiene la obligación de utilizar legítimamente los elementos que puedan favorecer a su defendido. Eso forma parte de las garantías básicas de cualquier proceso penal. Incluso es perfectamente legítimo que varios abogados coincidan en una misma interpretación de las pruebas. Pero una cosa es defender una hipótesis posible y otra muy diferente sería intentar construir entre varias personas una explicación destinada fundamentalmente a liberar de responsabilidad a determinados imputados, especialmente cuando esa explicación presenta enormes dificultades probatorias. Porque después de más de dos años seguimos sin conocer una prueba objetiva que permita reconstruir un atropellamiento de Loan. No sabemos dónde habría ocurrido exactamente, no existe un cuerpo que permita establecer una causa de muerte, no existe una pericia que demuestre que las marcas de la Ranger fueron producidas por un impacto con Loan y tampoco existe una reconstrucción material completa que explique cómo se habría producido el accidente y qué ocurrió inmediatamente después. Incluso la Cámara Federal ya había advertido que las pruebas existentes no permitían llegar a la conclusión de que el atropellamiento efectivamente hubiera sucedido. Sin embargo, la hipótesis vuelve a aparecer ahora con una fuerza extraordinaria y, curiosamente, vuelve a dejar fuera de responsabilidad a Benítez, Millapi, Ramírez y Maciel.
La situación resulta todavía más llamativa porque la persona cuyo relato convirtió el supuesto atropellamiento en una de las grandes hipótesis del caso acaba de afirmar que aquella historia no era verdadera. Laudelina Peña declaró ahora que había mentido sobre el accidente. Y esto plantea una pregunta inevitable: si la principal persona que introdujo aquella versión sostiene actualmente que era falsa, ¿sobre qué pruebas independientes se continúa afirmando que Loan fue atropellado? Naturalmente puede ocurrir que Laudelina haya mentido antes, que mienta ahora o que algunas partes de sus distintas declaraciones sean verdaderas y otras falsas. Precisamente por eso sus palabras no deberían ser suficientes para resolver una causa de esta gravedad. Lo que necesitamos son pruebas externas que permitan saber qué ocurrió. Pero resulta difícil comprender que una hipótesis cuya principal narradora acaba de desconocer continúe siendo presentada prácticamente como una certeza por algunas defensas. Y resulta todavía más necesario preguntarse por qué esa misma explicación termina beneficiando exactamente a un determinado grupo de imputados.
Si efectivamente existiera un acuerdo entre defensas para sostener deliberadamente una historia que sus protagonistas saben que no ocurrió, pocas cosas podrían resultar más lamentables en una causa como esta. Porque entonces ya no estaríamos hablando simplemente del legítimo derecho de cada abogado a defender a su cliente. Estaríamos hablando de utilizar el proceso judicial para construir una verdad conveniente en lugar de intentar descubrir la verdad de lo sucedido. Y en el centro de todo esto hay algo que parece olvidarse con demasiada facilidad: desapareció un niño de cinco años. Loan no puede convertirse en una pieza dentro de una estrategia jurídica destinada a distribuir responsabilidades de la manera que resulte más conveniente para unos u otros. La función del juicio debería ser exactamente la contraria. Determinar qué ocurrió y dónde está Loan. Y todo indica que hay que descartar la hipótesis del atropellamiento. Y si existió algún tipo de coordinación destinada a instalar una versión falsa, deberá investigarse. Porque después de todo lo ocurrido, lo mínimo que merece Loan es que nadie vuelva a utilizar una historia sin pruebas para alejarnos una vez más de la verdad.
Thursday, September 10, 2026
CASO LOAN: AUTOS SIN FAJAS, PRENDAS SIN CADENA DE CUSTODIA Y UN PROTOCOLO OBLIGATORIO QUE NO SE HABRÍA CUMPLIDO
Hoy 10 de septiembre declaró Walter Maciel, excomisario de 9 de Julio y uno de los imputados en el juicio por la desaparición de Loan Peña, y antes de analizar lo que dijo conviene repetir una cautela que me parece fundamental: Maciel no declara como testigo sino como acusado y está ejerciendo su defensa, por lo tanto sus afirmaciones no deben convertirse automáticamente en hechos probados. Puede decir la verdad, puede ofrecer una interpretación favorable a su situación procesal o puede mentir. Lo importante es que varias de las cosas que afirmó hoy son perfectamente comprobables mediante documentos, actas, registros y las declaraciones de los demás funcionarios que participaron en aquellos procedimientos.
Una de esas afirmaciones afecta directamente a la pericia odorológica. Según Maciel, los vehículos de Pérez y Caillava quedaron a disposición de la policía el día 19 pero no fueron fajados y las llaves no quedaron aseguradas, mientras que las pruebas con los perros se realizaron posteriormente. Maciel también dijo que esa misma noche del 19 habló con el perito Mario Rosillo. Si esto ocurrió efectivamente así, aparece una pregunta difícil de evitar: ¿qué garantía existe de que desde que los vehículos quedaron bajo control policial hasta la realización de la prueba nadie pudo acceder a ellos, abrirlos, ingresar, introducir objetos o producir directa o indirectamente una transferencia de olores?
Pero Maciel agregó hoy algo posiblemente todavía más importante sobre la otra mitad de aquella pericia: la muestra utilizada como olor de referencia de Loan. Según su declaración, de ninguna de las prendas se hizo acta, Rosillo pidió una prenda, la sargento Noguera fue a buscarla sin que existiera un pedido oficial y tampoco se confeccionó entonces el acta correspondiente. Otra vez, esto es lo que sostiene Maciel y deberá ser comprobado, pero no se trata de una cuestión menor porque coincide con problemas que ya habían aparecido durante el juicio respecto de cómo se obtuvo, manipuló y conservó aquella ropa.
Y aquí adquiere especial importancia la declaración que comenté anteriormente de la licenciada Marisel Itatí Esquivel, porque Esquivel explicó ante el Tribunal cuál era precisamente el procedimiento oficial que debía seguirse. Señaló que en Corrientes existe un Protocolo Unificado de los Ministerios Públicos incorporado mediante la Resolución Nº 22 de agosto de 2020 y que desde 2021 se utiliza la cadena de custodia con su correspondiente rótulo. Según explicó, cada persona que toma contacto con una evidencia debe quedar registrada cronológicamente para que pueda reconstruirse todo su recorrido desde su obtención hasta la realización de la pericia. También explicó que la evidencia debe fijarse previamente, fotografiarse y recogerse con las correspondientes medidas de bioseguridad.
Esquivel fue incluso más específica cuando le preguntaron cómo debía secuestrarse una prenda de vestir: debía fotografiarse, colocarse en un sobre de papel madera y confeccionarse el rótulo y la cadena de custodia. Y cuando le preguntaron expresamente si ese protocolo era obligatorio respondió que sí. Finalmente, ante la pregunta sobre qué ocurría si no existía cadena de custodia, rótulo o embalaje adecuado, explicó que en ese supuesto la evidencia «no tendría validez» porque no estaría cumpliendo el protocolo.
Ese punto modifica bastante la importancia de lo declarado hoy por Maciel. Hasta ahora podía discutirse si algunas de las irregularidades en la obtención de la ropa eran simples desprolijidades que no necesariamente afectaban el resultado. Pero si Esquivel tiene razón respecto del carácter obligatorio del procedimiento y Maciel tiene razón al afirmar que no existió acta, que la prenda fue buscada sin pedido oficial y que los vehículos permanecieron sin fajas y con sus llaves sin asegurar antes de la prueba, entonces el problema deja de ser solamente formal. Lo que empieza a estar en discusión es si existieron realmente las garantías mínimas necesarias para saber que la muestra presentada a los perros era la que debía ser, que no había sido contaminada y que los vehículos sobre los que después se produjo la marcación permanecieron preservados.
Esto tampoco significa necesariamente que Rosillo haya trabajado mal ni que los perros no hayan marcado lo que él informó. Como señalé anteriormente, el problema puede encontrarse antes de la intervención del perito. Rosillo puede haber realizado correctamente su procedimiento desde el momento en que recibió la muestra, pero ninguna técnica posterior puede reconstruir una cadena de custodia que no existió ni eliminar retrospectivamente una posible contaminación ocurrida antes de que la evidencia llegara a sus manos. Ese era precisamente uno de los puntos centrales que surgían de la declaración de Esquivel.
Por eso creo que después de lo declarado hoy hay dos preguntas muy concretas que el juicio debería poder responder sin demasiadas interpretaciones: ¿dónde están las actas y la cadena de custodia de las prendas utilizadas como olor de Loan? ¿Y quién tuvo acceso a los vehículos desde que fueron puestos a disposición de la policía hasta que se realizó la pericia odorológica?
Porque si la muestra de referencia no siguió el procedimiento obligatorio y los vehículos tampoco fueron preservados de manera que permita excluir accesos o contaminaciones, la cuestión ya no es solamente si los perros marcaron. La cuestión es qué valor probatorio puede tener esa marcación.
CASO LOAN PEÑA: ALGUNAS NOVEDADES Y VARIAS PREGUNTAS QUE SIGUEN SIN RESPUESTA
El martes 8 de septiembre declaró Laudelina Peña y el miércoles 9 lo hizo Antonio Benítez, es decir, dos de los siete principales imputados decidieron declarar ante el Tribunal en dos días consecutivos.
No significa, naturalmente, que lo que diga un imputado deba considerarse verdadero simplemente porque finalmente decidió hablar. Exactamente el mismo criterio que aplicamos a la acusación debe aplicarse a la defensa: una declaración tiene valor en la medida en que pueda ser contrastada con otros elementos objetivos. Pero algunas cosas que surgieron estos días me parecen especialmente interesantes porque no dependen solamente de creer o no creer a Laudelina o a Benítez, sino que plantean preguntas que pueden ser verificadas.
1. EL ACCIDENTE QUE NO OCURRIÓ Y EL EXTRAÑO VIAJE A LA FISCALÍA
Uno de los puntos más importantes de la declaración de Laudelina fue que volvió a decir claramente que el supuesto accidente de Loan nunca ocurrió y que aquella versión fue producto de la intervención de su entonces abogado José Fernández Codazzi. No es un detalle menor, porque durante una etapa de la investigación aquella historia del atropellamiento de Loan por Pérez y Caillava llegó a convertirse prácticamente en la explicación del caso. Ahora Laudelina sostiene que nunca vio ese accidente y que aquella versión era falsa, algo que también fue recogido por distintos medios que siguieron su declaración ante el Tribunal.
Después de la audiencia habló Ernesto “Tito” González, abogado de Pérez y Caillava, y señaló otro aspecto que me parece todavía más interesante. Según explicó, existen registros que permiten reconstruir el extraño recorrido de Laudelina aquella noche en Corrientes y su ingreso durante la madrugada a una Fiscalía. González destacó lo excepcional que resulta que una Fiscalía abra a esas horas, y mencionó particularmente un horario cercano a las 00:44, además del relato de Laudelina según el cual habría ingresado por un acceso lateral o posterior, habría ensayado previamente lo que tenía que decir y finalmente habría formulado allí la versión del accidente.
Podemos creer o no toda la explicación posterior de Laudelina, pero existe una pregunta anterior bastante más sencilla: ¿por qué una testigo fundamental en la desaparición de un niño terminó declarando de madrugada, en esas condiciones, acompañada por Codazzi? González sostiene que allí habría existido una maniobra destinada a desviar la investigación. Eso tendrá que probarse, naturalmente, pero las circunstancias de aquella declaración deberían poder reconstruirse objetivamente: quién decidió que fuera trasladada, quién abrió la Fiscalía, quién estaba allí, a qué hora entró, cuánto tiempo permaneció, quién registró su ingreso y qué intervención tuvo exactamente Codazzi.
La cuestión es especialmente importante porque aquella declaración no produjo una información secundaria. Produjo una nueva teoría completa sobre el destino de Loan. Si Laudelina dice ahora la verdad y el accidente nunca ocurrió, entonces no alcanza con decir que ella mintió: también resulta necesario determinar cómo nació aquella mentira, quién intervino en su construcción y por qué terminó ingresando formalmente en una causa federal que investigaba la desaparición de un niño.
2. ¿CÓMO SABÍA LAUDELINA DÓNDE BUSCAR EL BOTÍN?
Otra pregunta que se repite constantemente es cómo podía Laudelina saber dónde buscar el botín de Loan. Para algunas personas, el hecho de que se dirigiera hacia aquella zona demostraría prácticamente que sabía de antemano dónde se encontraba el calzado. Sin embargo, me parece que existe una explicación mucho más sencilla que pocas veces se considera.
Supongamos que encontramos en el barro huellas pequeñas correspondientes a los dos botines de un niño y observamos que, a medida que avanzan, se hunden cada vez más. Luego ocurre algo muy particular: el rastro deja de ser botín derecho-botín izquierdo y pasa a ser botín derecho-pie izquierdo descalzo. ¿Qué inferiría cualquier persona que siguiera esas huellas? Probablemente que el botín izquierdo quedó atrapado en el barro, que el niño sacó el pie pero no pudo recuperar el calzado y que continuó caminando descalzo. En esas circunstancias, buscar el botín precisamente alrededor del lugar donde cambia el patrón de las pisadas no exige conocer previamente dónde se encontraba: sería simplemente seguir el rastro hacia atrás hasta encontrar el punto en el que probablemente se perdió.
Esto es importante porque una conducta puede parecer extraordinariamente sospechosa cuando se presenta aislada y bastante menos misteriosa cuando conocemos el contexto que la precede. Naturalmente, primero habría que demostrar que aquellas huellas pertenecían realmente a Loan y reconstruir correctamente cómo fueron encontradas, pero si además aceptamos el dato de que en aquel sector aparecían las huellas pequeñas y no un rastro paralelo de pisadas de un adulto, aparece una pregunta todavía más interesante: ¿por qué se interpreta inmediatamente el hallazgo del botín como prueba de que alguien lo colocó allí y no como la posibilidad de que un niño perdido hubiera continuado caminando después de perderlo en el barro?
No estoy diciendo que esto demuestre que Loan se perdió. Estoy diciendo algo mucho más limitado: saber dónde buscar el botín no demuestra necesariamente saber previamente dónde estaba, porque las propias huellas podían indicar perfectamente dónde buscarlo.
3. LA FALSA APARICIÓN DE LOAN: ¿QUIÉN DIO LA ORDEN O EL AVISO?
Hay otra cuestión sobre la que el abogado Rodolfo Baqué viene insistiendo y que me parece verdaderamente extraña. En algún momento de aquella primera noche circuló dentro del operativo la noticia de que Loan había aparecido. La noticia era falsa, pero aparentemente llegó a transmitirse incluso a través de comunicaciones policiales.
Aquí el problema no es simplemente que en medio de una búsqueda desesperada alguien pudiera haberse equivocado. Eso puede ocurrir. El verdadero misterio es que, después de todo el tiempo transcurrido y después de la enorme cantidad de personas que declararon en esta causa, todavía no aparezca una reconstrucción sencilla y perfectamente documentada de quién originó aquella falsa alarma. ¿Fue Mariano “Loro” Duarte quien la originó, o él solamente fue un eslabón de la cadena?
Baqué lo plantea de una manera que me parece razonable: si por la radio de la policía se comunicó que Loan había aparecido, debería existir alguien que proporcionó inicialmente esa información. ¿Quién fue? ¿Qué policía recibió el aviso? ¿De dónde provenía? ¿Quién decidió transmitirlo? ¿Existió realmente una comunicación radial registrada? ¿Se conservaron esos registros?
No es una cuestión secundaria. Una comunicación oficial o aparentemente oficial indicando que el niño había sido encontrado podía modificar inmediatamente el comportamiento de quienes lo buscaban, provocar que algunas personas regresaran a sus casas o que determinados sectores dejaran de rastrillarse. Por eso, más de dos años después, resulta difícil entender que algo tan concreto continúe envuelto en versiones diferentes.
4. ESQUIVEL, EL PROTOCOLO OBLIGATORIO Y LA POSIBLE INVALIDEZ DE LA PERICIA ODOROLÓGICA
Para mí, una de las declaraciones técnicamente más importantes de estos últimos días fue la de la licenciada Marisel Itatí Esquivel. Y no porque Esquivel haya dicho si los perros de Rosillo marcaron correctamente o no los vehículos. Lo importante de su declaración es lo siguiente: explicó cuáles son las condiciones obligatorias que debe cumplir la recolección de cualquier evidencia para que después esa muestra pueda ser utilizada válidamente en una pericia.
Esquivel explicó que en Corrientes existe un Protocolo Unificado de los Ministerios Públicos, incorporado mediante la Resolución Nº 22 del 27 de agosto de 2020, y que desde 2021 se utiliza la cadena de custodia y el correspondiente rótulo. Según explicó ante el Tribunal, cada evidencia recogida debe tener una cadena de custodia en la que quede registrada cronológicamente la intervención de todas las personas que toman contacto con ella: primero quien la recolecta, después eventualmente quien la traslada, luego quien la recibe, quien la entrega al laboratorio, quien efectúa una pericia, etc. Es decir, debe ser posible reconstruir todo el camino de la evidencia desde el lugar donde fue encontrada hasta el momento en que finalmente es analizada.
También explicó que antes de levantar una evidencia debe fijarse exactamente su ubicación, mediante geolocalización cuando las condiciones lo requieren o mediante referencias precisas cuando se trata de un lugar cerrado; luego deben realizarse fotografías y la recolección debe hacerse respetando condiciones de bioseguridad, utilizando guantes, barbijo y ropa protectora. Cuando específicamente le preguntaron cómo se secuestra una prenda de vestir, Esquivel explicó que debe fotografiarse y colocarse en un sobre de papel madera, para luego confeccionarse el rótulo y la cadena de custodia correspondiente.
Pero la parte más importante llegó al final. Le preguntaron expresamente si ese protocolo era obligatorio y respondió que sí. Y cuando le preguntaron qué ocurría si no se elaboraba la cadena de custodia, no se colocaba el rótulo o no se utilizaba el embalaje correspondiente, explicó que en ese caso “no tendría validez, no estaría cumpliendo con el protocolo”.
Esto cambia considerablemente la discusión sobre una de las pruebas más importantes contra Pérez y Caillava: la pericia odorológica realizada por el doctor Mario Rosillo. Rosillo ratificó ante el Tribunal que los perros encontraron correspondencias de olor en la Ranger y en el Ford Ka y ha defendido técnicamente el procedimiento realizado por su equipo. Pero el problema que plantea la declaración de Esquivel ocurre antes de que Rosillo comience su pericia.
Como expliqué en el post anterior, la prenda que habría servido como muestra de olor de Loan presenta varias dificultades: según las declaraciones incorporadas al expediente, fue obtenida de un lugar donde había ropa utilizada por otras personas, no se confeccionó inicialmente el acta de secuestro correspondiente, fue manipulada por una familiar sin guantes, fue introducida en una bolsa negra y tampoco existió la documentación fotográfica que ahora Esquivel dice que exige el protocolo. Después pasó por distintas manos, y tampoco parece existir una cadena de custodia completa que permita reconstruir sin interrupciones qué ocurrió con ella hasta llegar a la pericia.
Por eso creo que ahora la cuestión puede formularse de una manera mucho más precisa. El problema no es necesariamente que Rosillo haya realizado mal su pericia. El problema es que la muestra que recibió Rosillo podría no haber sido obtenida de manera válida. Y si la muestra de comparación fue recolectada incumpliendo el protocolo obligatorio y además existe una ruptura de la cadena de custodia, la declaración de Esquivel abre seriamente la posibilidad de que eso invalide la pericia odorológica o, como mínimo, prive a sus resultados del valor probatorio que se les ha atribuido. La decisión jurídica corresponde naturalmente al Tribunal, pero ya no estamos hablando simplemente de una discusión abstracta sobre si una bolsa era mejor que otra: estamos hablando de un protocolo obligatorio que, según Esquivel, debe cumplirse precisamente para que la evidencia tenga validez.
Esto es particularmente importante porque un perito solamente puede responder por aquello que ocurre desde que recibe la muestra. Rosillo puede haber trabajado correctamente, los perros pueden haber reaccionado exactamente como él describió y todo el procedimiento realizado por su equipo puede haber sido técnicamente impecable. Pero nada de eso permite retroceder en el tiempo y corregir una muestra que hubiera sido contaminada, mal secuestrada, incorrectamente embalada o cuya identidad no pudiera garantizarse mediante una cadena de custodia completa. Si no podemos asegurar qué muestra llegó al perito y en qué condiciones llegó, entonces el problema afecta necesariamente a cualquier conclusión construida a partir de ella.
Y esto conduce a una pregunta bastante sencilla: si el protocolo era obligatorio desde 2021 y la propia funcionaria explica que una evidencia que no cumple con esos requisitos no tendría validez, ¿qué valor puede tener una pericia odorológica cuya muestra de referencia no habría sido obtenida siguiendo precisamente esas reglas?
5. SI ERA TAN DIFÍCIL PERDERSE, ¿POR QUÉ NECESITABAN BAQUEANOS?
Voy a dejar aquí solamente una pregunta corta porque creo que no necesita demasiado desarrollo. Una afirmación que escuchamos prácticamente desde el comienzo del caso es que Loan no podía haberse perdido porque se trataba de una zona conocida (pero no para Loan), relativamente abierta y en la que resultaría muy difícil desorientarse.
Sin embargo, cuando comenzaron los rastrillajes, las propias fuerzas de seguridad necesitaron la colaboración de baqueanos, es decir, personas que conocían especialmente bien el terreno y podían orientarlas durante la búsqueda. Entonces la pregunta es bastante evidente: si realmente era una zona en la que resultaba tan difícil perderse, ¿por qué policías y otras fuerzas profesionales necesitaban ser acompañadas por personas del lugar para poder recorrerla adecuadamente?
Que hayan utilizado baqueanos no demuestra que Loan se haya perdido. Pero tampoco parece razonable utilizar simultáneamente dos argumentos incompatibles: sostener que el terreno era tan sencillo que un niño de cinco años necesariamente habría sabido regresar, o sería encontrado fácilmente, y aceptar que adultos pertenecientes a fuerzas de seguridad necesitaban personas especialmente conocedoras del terreno para orientarse durante los rastrillajes.
6. LA HIPÓTESIS QUE SIGO MANTENIENDO
Después de escuchar todas estas declaraciones, mi hipótesis personal sigue siendo esencialmente la misma. Y quiero insistir en la palabra hipótesis, porque no estoy diciendo que pueda demostrar que esto fue lo que ocurrió. Considero posible que Loan se haya separado del grupo y se haya perdido solo, que haya seguido caminando durante cierto tiempo y finalmente haya sufrido algún accidente en un lugar que nunca fue correctamente revisado: un pozo, una laguna, un bañado o cualquier otro punto del terreno donde pudiera resultar extremadamente difícil encontrarlo posteriormente. También considero posible una segunda alternativa: que después de haberse perdido alguien lo encontrara y se lo llevara, pero que esa persona no fuera ninguno de los siete principales imputados.
A partir de allí creo que ocurrió algo diferente. La desaparición de Loan se convirtió rápidamente en uno de los casos más importantes del país, los medios necesitaban novedades todos los días y comenzaron a aparecer culpables, teorías y certezas mucho antes de que existieran pruebas suficientes para sostenerlas. Todo se volvió viral y cualquier conducta extraña podía transformarse inmediatamente en demostración de una conspiración. Respecto de los otros diez imputados, sigo considerando posible que varias de las conductas que hoy se interpretan como parte de un gran encubrimiento tengan explicaciones bastante más simples: algunos pudieron intentar ayudar, otros pudieron intervenir de manera torpe, algunos pudieron dejarse arrastrar por el enorme interés mediático y otros pudieron buscar notoriedad o protagonismo en un caso que de repente ocupaba todos los canales de televisión.
También sigo pensando que, a medida que el caso adquirió una dimensión nacional, pudieron aparecer intereses institucionales y políticos para que el caso “se resolviera” rápidamente, o al menos para que existiera una explicación que pudiera presentarse públicamente como una solución. La extraña intervención de Codazzi, la declaración nocturna de Laudelina y la aparición de la teoría del accidente merecen ser investigadas dentro de ese contexto. Y, a partir de allí, tampoco puede descartarse que otros actores políticos hayan intentado obtener algún beneficio de un caso que se había convertido en una cuestión nacional. Nuevamente: no estoy afirmando que esto haya ocurrido; estoy diciendo que es una hipótesis que merece ser contrastada con los hechos.
Porque, después de más de dos años, sigo viendo el mismo problema. En esta causa muchas veces una hipótesis fue presentada como un hecho y después reemplazada por otra hipótesis diferente: primero Loan podía haberse perdido, después apareció la trata, después el accidente, después una supuesta sustracción planificada y finalmente una compleja estructura de encubrimiento. Mientras tanto, algunas de las cuestiones más elementales continúan sin una respuesta clara: quién produjo la falsa noticia de que Loan había aparecido, qué ocurrió realmente con las primeras huellas, cómo se obtuvo y conservó la muestra utilizada para la pericia odorológica y qué pasó durante aquellas horas decisivas de la primera búsqueda.
Por eso, para mí, la pregunta principal continúa siendo la misma. No cuál de todas las historias parece más atractiva, más sospechosa o más convincente cuando la escuchamos en televisión, sino algo mucho más sencillo y al mismo tiempo mucho más difícil:
¿Qué hipótesis puede realmente demostrarse con pruebas válidas?
-
One of the reasons those ruined houses on the plateau near Praia da Luz are being searched by the German police is that the suspect Chris...
-
Hay una zona, en Praia da Luz, localidad donde fue secuestrada Madeleine McCann que, en mi opinión, debería ser investigada en profundidad. ...
-
Todo parece indicar que habrá nuevas búsquedas en Praia da Luz y alrededores, antes de septiembre. (Everything seems to indicate that there ...
