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CASO LOAN PEÑA: "NO, NO ESTÁ PROBADO QUE LOAN ESTUVO EN LOS VEHÍCULOS DE PÉREZ Y CAILLAVA, NI TAMPOCO QUE EL BOTÍN FUE PLANTADO"

  (Foto: El fiscal Carlos Schaefer) Hay dos cosas en el caso Loan que durante mucho tiempo fueron repetidas, incluso por la fiscalía, casi c...

Monday, September 14, 2026

CASO LOAN PEÑA: "NO, NO ESTÁ PROBADO QUE LOAN ESTUVO EN LOS VEHÍCULOS DE PÉREZ Y CAILLAVA, NI TAMPOCO QUE EL BOTÍN FUE PLANTADO"

 

(Foto: El fiscal Carlos Schaefer)

Hay dos cosas en el caso Loan que durante mucho tiempo fueron repetidas, incluso por la fiscalía, casi como hechos probados: (a) que Loan estuvo en los vehículos de Carlos Pérez y María Victoria Caillava y (b) que el botín encontrado al día siguiente de la desaparición fue plantado para desviar la búsqueda. A mi juicio son, además, las dos piezas más fuertes de la acusación. Si uno pregunta qué hay de concreto, qué hay que vaya más allá de llamadas telefónicas, horarios, contradicciones, comportamientos extraños o personas que se conocían entre sí, siempre termina volviendo a esas dos cosas: los perros que supuestamente marcaron olor de Loan en la Ford Ranger y el Ford Ka, y el botín que supuestamente alguien llevó hasta el barro para hacerlo aparecer como una pista falsa. 

El problema es que, cuando uno mira esas dos pruebas con un poco más de atención, resultan bastante menos sólidas de lo que parecen cuando son resumidas en una frase de televisión. Y entonces aparece la pregunta que me parece central en este juicio: si la Fiscalía no consigue probar más allá de toda duda razonable que Loan estuvo en esos vehículos y que el botín fue plantado, ¿qué queda de la acusación? Mi impresión es que queda muy poco. Casi nada que permita explicar concretamente qué pasó con Loan.

Empecemos por los vehículos. No, no está probado —por lo menos no en el sentido en que algo debe estar probado para condenar a una persona— que Loan haya estado dentro de la camioneta Ford Ranger o del Ford Ka de Pérez y Caillava. Lo que existe es una pericia odorológica: se tomaron muestras de olor de los asientos traseros de ambos vehículos y los perros hicieron marcaciones positivas al compararlas con el olor que se utilizó como referencia de Loan. Eso es real, está en el expediente y obviamente es importante. La jueza que dictó el procesamiento llegó incluso a afirmar que Loan había estado en esos vehículos. Pero una resolución de procesamiento no es una condena y no exige el mismo nivel de certeza. El propio Ministerio Público explicó en esa resolución la diferencia entre prueba, presunción e indicio y sostuvo que estaba trabajando con un grado de “certeza relativa”, suficiente en aquella etapa para llevar a los acusados a juicio. Ahora la pregunta es otra: ¿alcanza esa pericia para afirmar, sin una duda razonable, que Loan estuvo físicamente dentro de esos vehículos?

Porque hay, además, un problema que no es menor: la cadena de custodia. El perito Mario Rosillo declaró que cuando fueron a tomar las muestras los vehículos estaban cerrados con llave, pero no estaban fajados; las llaves estaban bajo resguardo en la comisaría, y fue después de terminar el procedimiento cuando él mismo indicó a Maciel que colocara una faja de seguridad. También explicó que desde las oficinas de la comisaría no se podían ver los vehículos. Pero hay otro problema todavía más básico y que afecta directamente el valor de la odorología: ¿qué sabemos de la ropa de Loan que se utilizó como muestra de referencia para los perros? Rosillo no pudo precisar siquiera de dónde había salido exactamente esa prenda; declaró que la ropa había llegado supuestamente desde la comisaría, que no recordaba cuántas prendas eran y que otra perito le indicó cuál correspondía a Loan. Y el propio expediente dice que cuando la Justicia Federal secuestró elementos de la Comisaría de 9 de Julio encontró allí veinte prendas pertenecientes a Loan que no estaban debidamente preservadas y no tenían la correspondiente cadena de custodia. Es decir, no sólo hay preguntas sobre la preservación de los vehículos: tampoco aparece acreditada una cadena de custodia que permita saber con seguridad qué ocurrió previamente con la supuesta prenda de Loan utilizada para generar la muestra de referencia, quién la manipuló, con qué otras prendas estuvo en contacto o si pudo contaminarse. Y esto es especialmente importante porque toda la pericia consiste precisamente en comparar un olor recogido en los vehículos con un olor que se supone que pertenecía a Loan. Si no podemos estar seguros de la integridad de la muestra de referencia, los resultados de la pericia podrían no ser válidos. La cadena de custodia existe precisamente para que no tengamos que preguntarnos quién pudo acercarse a una evidencia, quién tuvo acceso a ella o qué pudo ocurrir antes de una pericia. Si una prueba va a ser utilizada para sostener algo tan importante como que un niño desaparecido estuvo dentro de dos vehículos, debemos tener en cuenta que las muestras de los vehículos y, sobre todo, la ropa de Loan utilizada para identificar su olor, debían seguir un protocolo que no se cumplió.

Por último, algo muy importante, este tipo de pericias odorológicas, correctamente hechas, y tomando todos los recaudos que indican los protocolos, solo arrojan resultados indiciarios que no demuestran por sí solos el hecho que se pretende probar.

Después está el luminol, que muchas veces se menciona junto con la odorología como si ambas cosas se confirmaran mutuamente. Hubo reacciones positivas en la camioneta y también en el Ford Ka, pero una reacción al luminol no significa automáticamente “sangre de Loan”. En la Ford Ranger se tomó una muestra del guardabarros derecho, la famosa muestra M10, y en un primer análisis apareció una mezcla de ADN con material correspondiente al menos a un varón; sin embargo, cuando esa muestra fue estudiada posteriormente no se consiguió obtener material genético analizable que permitiera identificar a Loan. El expediente dice además que no podía descartarse que las luminiscencias fueran sangre humana. “No puede descartarse” no significa “se comprobó”, y mucho menos significa “es sangre de Loan”. En otro tramo de la resolución la jueza enumera entre lo que llama “pruebas objetivas” la odorología, los daños de la camioneta, una testigo que dijo haberla visto lavar y esa posible sangre humana, pero reconoce allí mismo que no pudo obtenerse ADN de Loan. También sabemos que los daños de la camioneta no permitieron establecer fehacientemente qué objeto los produjo ni cuándo se produjeron. Todo puede resultar sospechoso, pero sospecha y prueba no son la misma cosa.

Esto es importante porque los indicios funcionan de una manera muy sencilla. Un indicio es un hecho que puede hacernos pensar que ocurrió otro hecho. Una camioneta lavada después de una desaparición puede parecernos sospechosa. Una contradicción puede parecernos sospechosa. Un viaje, una llamada telefónica o una relación entre distintas personas pueden parecernos sospechosos. Pero ninguna de esas cosas, por separado, demuestra necesariamente que Loan estuvo dentro de la camioneta. Y cuando se usan muchos indicios juntos hay que tener cuidado de no convertir varias sospechas en una certeza simplemente porque son muchas. Diez indicios débiles no se transforman mágicamente en una prueba fuerte. Para condenar, esos indicios tienen que encajar de una manera que permita explicar los hechos y, sobre todo, que deje sin una explicación razonable las alternativas. Precisamente por eso la discusión sobre la odorología es tan importante: porque no es un detalle más dentro del expediente. Es probablemente el dato que permite a la acusación pasar de una serie de circunstancias sospechosas a una afirmación muy concreta: “Loan estuvo en esos vehículos”. Si ese salto no puede hacerse con seguridad, buena parte de lo demás vuelve a ser lo que era originalmente: indicios y sospechas.

Con el botín ocurre algo muy parecido. También aquí se produjo con el tiempo una transformación curiosa: de “la Fiscalía sostiene que el botín fue plantado” pasamos casi sin advertirlo a “el botín fue plantado”. Pero cuando uno va al expediente encuentra algo bastante distinto. La propia resolución dice que hay “dos elementos que permiten sostener que la zapatilla fue plantada en el monte”. ¿Cuáles son esos dos elementos? El primero es que la perra Kira no logró reconstruir una trayectoria de Loan hasta el lugar donde apareció el botín. El segundo es que familiares y vecinos consideraban que el niño no podía haber llegado solo hasta allí y que, con la enorme cantidad de personas que lo estaban buscando, deberían haberlo encontrado si realmente hubiera estado perdido en esa zona. Ésos son los dos elementos que la resolución presenta inicialmente para sostener que el botín fue plantado. Son indicios. Pueden servir para construir una hipótesis. Pero no prueban que alguien haya llevado deliberadamente el botín hasta allí. Que un perro no reconstruya un recorrido no demuestra que ese recorrido nunca existió y que familiares o vecinos crean que un chico de cinco años no podía llegar a determinado lugar tampoco demuestra que no haya llegado.

Pero hay además un dato importante que suele desaparecer cuando se cuenta esta historia: Laudelina no salió de la nada y condujo a un grupo de personas hasta un punto elegido arbitrariamente para “encontrar” el botín. En esa zona ya se habían encontrado huellas. El propio expediente recoge que esas huellas habían sido localizadas durante la búsqueda por personas que estaban recorriendo el campo —entre ellas aparece mencionado “Pachucho” Moreira— y que Laudelina volvió posteriormente al lugar donde estaban esas huellas. Francisco Amado Méndez también declaró que encontró y siguió un rastro de una sola persona y que llegó a una zona de barro donde las huellas mostraban un cambio: aparecía un pie calzado y el otro descalzo. Otros testimonios describen la misma lógica de la búsqueda: si antes aparecían huellas con ambos pies calzados y después comenzaba a aparecer un pie descalzo junto a otro calzado, era razonable pensar que el calzado que faltaba podía haber quedado en el barro entre un punto y otro. Fue justamente por eso que comenzaron a buscar allí con palos hasta encontrar el botín. Es decir, había una razón concreta para buscar un calzado en ese sector que no dependía de saber previamente dónde estaba escondido. Esto no demuestra que las huellas fueran de Loan, ni demuestra que el botín hubiera quedado allí de manera natural, pero sí muestra que existe una explicación perfectamente sencilla para que quienes estaban buscando concentraran la búsqueda del botín precisamente en ese lugar.

Y esto cambia bastante la manera de interpretar algunos de los datos que la resolución presenta como sospechosos. Que Laudelina fuera hacia ese lugar no demuestra que supiera que el botín estaba allí: estaba volviendo al sitio donde se habían encontrado las huellas. Que allí se pusieran a buscar una zapatilla tampoco demuestra que supieran que había una zapatilla escondida: había un rastro que, según los propios testigos, pasaba de pies calzados a un pie calzado y otro descalzo. Incluso los testimonios sobre quién encontró físicamente el botín son contradictorios: algunos dicen que fue Laudelina, otros que fue Macarena, otros describen a varias personas buscando con palos mientras Maciel y Méndez estaban en el lugar. Tampoco hay una filmación de alguien llevando el botín hasta allí, ningún testigo que haya visto a alguien plantarlo ni una pericia que permita determinar cuándo llegó ese botín al barro. Hay circunstancias que la Fiscalía interpreta como indicios de que fue colocado deliberadamente. Pero nuevamente: un indicio no es automáticamente la prueba del hecho que queremos demostrar.

Y acá, para mí, está lo verdaderamente importante. Estas no son dos pruebas secundarias entre cien. Son probablemente las dos cosas más fuertes que tiene la acusación. La odorología es lo que permite afirmar que Loan habría estado en los vehículos. El supuesto botín plantado es una de las principales razones para afirmar que la búsqueda fue desviada deliberadamente y que el extravío fue una puesta en escena. El problema aparece si esas dos piezas no se prueban con la certeza necesaria. Porque entonces hay que mirar lo que queda sin ellas.

¿Y qué queda? Quedan llamadas telefónicas. Quedan horarios. Quedan contradicciones. Quedan explicaciones poco convincentes. Queda una camioneta que fue lavada. Quedan relaciones entre distintas personas. Quedan viajes posteriores. Queda gente que estuvo un tiempo sin ser ubicada claramente. Quedan comportamientos que pueden parecer extraños antes, durante o después de la desaparición. Todo eso merece ser analizado y todo eso puede servir como indicio. Pero ninguna de esas cosas nos dice dónde estuvo Loan después de desaparecer. Ninguna nos muestra quién lo tomó. Ninguna muestra a Loan entrando en la Ranger. Ninguna muestra a Loan pasando de la Ranger al Ford Ka. Ninguna explica dónde fue llevado. Ninguna muestra a alguien plantando el botín. Y, sobre todo, si quitamos la odorología como prueba de que estuvo en los vehículos y quitamos la afirmación de que la zapatilla necesariamente fue plantada, desaparecen precisamente los dos elementos que permiten conectar buena parte de esas conductas sospechosas con una historia concreta sobre lo que le pasó a Loan.

Por eso creo que hay que invertir la pregunta que normalmente se hace sobre este caso. No se trata de preguntar si determinadas conductas resultan raras o sospechosas. Se trata de preguntar qué está probado. ¿Está probado que Loan estuvo dentro de esos vehículos? ¿Está demostrado que el olor detectado por los perros sólo puede explicarse porque Loan estuvo físicamente allí, cuando hay problemas de cadena de custodia tanto con los vehículos como, todavía más importante, con la supuesta ropa utilizada como referencia? ¿Está probado que el botín fue llevado y colocado deliberadamente en el barro, cuando había huellas encontradas previamente que explican por qué se buscó un calzado exactamente en ese lugar? Ésa es la cuestión que tiene que resolver el juicio. Porque es la Fiscalía la que acusa y es la Fiscalía la que tiene que probar su historia más allá de toda duda razonable. Los acusados no tienen que demostrar qué ocurrió con Loan para ser absueltos. No tienen que resolver el caso. Si la acusación no consigue probar los hechos fundamentales de su propia teoría, alcanza con eso.


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