A medida que avanza el juicio por la desaparición de Loan más convencido estoy de lo siguiente: (a) los imputados por la sustracción y el ocultamiento del menor no tuvieron nada que ver; (b) la política intervino a través del abogado Codazzi, que llevó a Laudelina a declarar a altas horas de la madrugada; (c) el excomisario Maciel solo ha intentado ocultar su negligencia como policía; y (d) o bien Loan se perdió y se accidentó fatalmente en una laguna, en un pozo, o en algún lugar similar; o bien se lo llevó alguien que no está imputado, que no se sabe quién es, y que permanece en libertad.
Y a medida que avanza el juicio por la desaparición de Loan más temo que termine como el caso Wanninkhof, ocurrido en España, donde Dolores Vázquez terminó cumpliendo 519 días de condena por un crimen que no cometió.
Hoy mismo Tereixa Constenla ha publicado una nota excelente sobre el caso Wanninkhof que todas y todos deberíamos leer completa aquí: La deuda de la justicia con Dolores Vázquez: 25 años sin reparar los 519 días de cárcel de una inocente
De la nota de Tereixa extraigo algunos párrafos:
El error policial: Rocío Wanninkhof Hornos fue asesinada una noche del otoño de 1999 en la que había planeado ir a la feria de Fuengirola con su novio. Tenía 19 años y todo por vivir, cuando su cuerpo apareció semidesnudo y apuñalado a 30 kilómetros de su casa en La Cala de Mijas. El entonces delegado del Gobierno en Málaga, Carlos Rubio, dijo algo que estaría muy cerca de la verdad, aunque se tardaría en saberlo: “Lo único que podemos afirmar es que el asesino es un hombre mentalmente insano, cualquier persona no comete un crimen tan atroz como este”.
Toni Jurado, novio de la víctima, convertido de inmediato en el principal sospechoso, soportó interrogatorios inclementes de la Guardia Civil hasta que lo descartaron. Cuando la presión política y social se agrandó, la investigación se reforzó con el prestigioso grupo [de investigación de la Guardia Civil], la Unidad Central Operativa (UCO) [...] Se rastreó el entorno de Wanninkhof y, finalmente, se centraron en Dolores Vázquez Mosquera, de 49 años, expareja de Alicia Hornos, madre de la víctima. “Se crea un móvil sencillo donde se utiliza la orientación sexual, el carácter y la antigua relación afectiva. La Guardia Civil enciende la llama de que la mató por venganza porque Rocío se oponía a la reconstrucción de su relación con la madre y los medios vieron muy atractivos aquellos elementos morbosos”, sostiene Pedro Apalategui, en su día insultado por aceptar la defensa de alguien culpabilizado desde el primer minuto de su detención, el 7 de septiembre de 2000. Alguien que, según el entonces ministro del Interior, Ángel Acebes, poseía “el perfil delincuencial más verosímil”.
El abuelo de Rocío Wanninkhof había mostrado estupor: “No acabo de creérmelo. Dolores ha criado a mis nietos y los quería como si fueran sus hijos”. Aun así se abrió la veda. La Guardia Civil tenía que protegerla de la ira de justicieros que la insultaban y le arrojaban objetos. [...] La personalidad de la acusada, que debía mucho a su educación en un colegio de monjas católicas en Inglaterra, se convirtió en prueba de cargo. Una de las piezas de peso que exhibirá la Guardia Civil es el informe de una psicóloga —que nunca la entrevistó personalmente, según Vázquez—, que la describía como “violenta, agresiva y con rasgos esquizoides”. Los investigadores se agarraron también a los testimonios de una vidente que avalaba la hipótesis de la venganza, la empleada doméstica que la vio apuñalar una foto o las contradicciones en su coartada pese a que esa noche estaba acreditado que había cuidado en casa de su madre a la hija de una sobrina. Entre los 20 indicios esgrimidos contra ella figuraron naderías asombrosas extraídas de los pinchazos telefónicos: “Se atraganta a la hora de transmitir tranquilidad” o pone “excusas” para no llamar a la Guardia Civil cuando una amiga le informa de que está en su punto de mira. Por el contrario, se marginó aquello que la eximía, ya fuesen las huellas de los neumáticos en el lugar del crimen que no coincidían con su coche o, lo que fue peor para Apalategui porque se le ocultó, la existencia de huellas dactilares en las bolsas de basura con la ropa de Rocío que no se correspondían con las de Vázquez. Visto hoy sorprende que algo tan endeble llegase tan lejos. Para Vázquez fue un calvario; para Sonia Carabantes, una fatalidad [Sonia Carabantes fue la siguiente víctima mortal de Tony King ...]
El día en que desapareció Rocío Wanninkhof, King regresó de madrugada “borracho, desaliñado y con rasguños en los brazos”, contó su ex. Se aseó, limpió el baño y no se acostó en la habitación del matrimonio. Acciones insólitas que alarmaron a su pareja. Al año siguiente se separaron. En agosto de 2003, continúa el excomisario Villabona, ocurrieron varias agresiones sexuales en Fuengirola y Benalmádena. Y, en la feria de Coín, se perdió el rastro de Sonia Carabantes. Su cadáver apareció días después con señales de golpes y estrangulamiento. También con restos biológicos de su agresor en las uñas. Un material genético que coincidirá con el presente en una colilla de Royal Crown recogida cerca del cuerpo de Wanninkhof. De poner nombre a ese ADN se encargará Cecilia Winfield, al desvelar que vio a su ex con una mano vendada y arañazos tras la desaparición de Carabantes.
“Nuestra hipótesis es que podía ser el asesino de las dos chicas”, recuerda Villabona. El enlace de la policía en Inglaterra, John O’Neill, aumentó sus sospechas: “King se había cambiado el apellido Bromwich y tenía antecedentes penales por agresiones sexuales y conducta antisocial”. Descubrieron, además, una tulipa rota en su coche que coincidía con el trozo hallado cerca del cuerpo de Carabantes. El 18 de septiembre de 2003 lo detuvieron en su domicilio en Alhaurín el Grande. “Intervinimos el coche, que estaba bajo los asientos lleno de sangre, aunque lo limpió, dejó muchos restos”, relata el antiguo comisario jefe de Málaga. Acorralado por las pruebas, King reconoció que podía ser el autor accidental de la muerte de Sonia por atropello. “Las investigaciones nos permitieron detenerlo, pero ¿qué hubiera ocurrido si Cecilia no hubiese declarado?”, cuestiona.
No era cualquier culpable. En su país, y antes de cumplir los 20 años, había dejado un historial alarmante que incluía varias agresiones sexuales e intentos de estrangulamiento. Nada se supo en España por fallos en la colaboración policial internacional. Según Villabona, un año antes de la muerte de Rocío, la comisaría de Málaga recibió una petición de Interpol para conocer la residencia de Tony King. Contestaron a los dos meses con una lista de ocho localidades y solicitaron la reseña decadactilar. No llegó a tiempo. Oficialmente, el historial delictivo de King se recibirá tras la muerte de las dos jóvenes.
La intervención de la Policía Nacional en el caso Carabantes destrozó la investigación de la Guardia Civil en el caso Wanninkhof. “Si quieres que te diga la verdad, no sé por qué pudo ocurrir. A veces se cometen errores. A veces hacemos las investigaciones más complicadas de lo que son y confundimos los deseos con la realidad”, reflexiona Villabona. “También había una corriente de opinión en los medios sobre la culpabilidad de Dolores y las corrientes de opinión pueden influirnos”, admite.
El error periodístico: Vázquez no solo cargó con una pena injusta, también con la humillación de ver aireada su vida privada en las televisiones. Espoleada a diario por presentadores y pseudoperitos, la ferocidad fue constante en la calle. “¿Cómo se puede tener esa sangre fría de estar ahí en el entierro?, ahí la tienen, la segunda por la izquierda de cámara, ¿qué sentiría por dentro esta mujer? ¡Qué frialdad!, todos los que la conocen dicen ‘fría y calculadora”, se enfurecía María Teresa Campos en Telecinco.
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In dubio pro reo, sagrado principio del derecho penal, saltó por los aires en el primer juicio por la muerte de Rocío Wanninkhof. Y, desde luego, nunca se aplica en los juicios mediáticos paralelos, donde tampoco existe la presunción de inocencia. [La periodista Toñi Moreno comenta hoy en día:] “Lo fácil era seguir el camino que nos marcaba la Guardia Civil. La UCO hace un trabajo extraordinario, pero en aquel momento se equivocó. Cuando se sentó en el banquillo, Dolores Vázquez estaba condenadísima por la presión mediática y social”.
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El error judicial: Hace un cuarto de siglo un jurado popular consideró probado que Dolores Vázquez le asestó una decena de puñaladas a la hija de su expareja por venganza. Hubo siete votos a favor de la condena y dos en contra. [...] Román Martín González López fue el juez de instrucción que envió a la cárcel de Alhaurín de la Torre a Dolores Vázquez tras ser detenida. Entre él y la Audiencia de Málaga rechazaron al menos en siete ocasiones las peticiones para dejarla en libertad y la mantuvieron un año en prisión preventiva. “Nadie en este país”, rememora Toñi Moreno, “desconocía su rostro cuando empezó el juicio”.
El fiscal del caso, Francisco Montijano, se alineó con los investigadores. “No tenemos una prueba contundente, debemos interpretar las contradicciones de la acusada. Miente para ocultar aquello que la pueda incriminar”. Según su relato final, Vázquez apuñaló a Rocío, se llevó a su casa el cadáver y días después la trasladó a otro lugar [¡Era solo una hipótesis!].